JORGE SAVIA
Wanderers se pudo haber ido con un cierto sabor amargo porque, al fin de cuentas, se sobrepuso al gol de Juárez al filo de la primera etapa, fue más que Nacional en la segunda, después que empató pareció que podía seguir de largo, y en el cierre del trámite, pese a alguna "contra" amenazante del cuadro de Lasarte, terminó atacando.
Además, el equipo de Carreño tenía una responsabilidad aparte: jugó con su mejor integración contra un equipo sin muchos de sus titulares.
Nacional, sin embargo, a contrapelo de ese romance que vive con su hinchada y con el momento que atraviesa por su gran campaña en la Copa Sudamericana, y a pesar de que cumplió un papel más protagónico que su rival en los 45` iniciales, se debe haber marchado más contrariado que Wanderers, porque aún cuando reservó a varias de sus individualidades más importantes, quiso ganar con el equipo que puso en la cancha, pero con el gol anotado por Pagua, quedó más lejos que antes de la posibilidad de pelear el campeonato.
Además, en la segunda parte se desflecó, pareció dejarle el rol de grande a Wanderers, y para peor sobre el final sufrió la expulsión de Viera, lo que -sumado al problema de las paperas y la lesión de Alonso- le entreveró los papeles para la próxima etapa.
El emapate, entonces, estuvo bien, si acaso. No hubo un margen global a favor del elenco bohemio que, por lo hecho en el complemento, justificara una imposición de Wanderers. Al fin de cuentas, el cuadro de Carreño remató por primera vez con reales pretensiones al arco de Viera a los 37` de la primera parte. Porque, llegando preferentemente por la derecha de su ataque, Nacional fabricó más situaciones de riesgo para Muslera, que en algunos casos no se concretaron por la firme gestión del arquero bohemio, y en otros no prosperaron por la imprecisón que en la faz ejecutiva mostraron "Malaka" Martínez y el argentino Juárez. Y después la cancha se inclinó para el otro lado.
Por eso, pues, la igualdad no debería haber contrariado ni a Nacional ni a Wanderers. Pero la realidad indica lo contrario: los dos se tienen que haber ido del Parque Central con un sabor amargo. Los bohemios porque no se acercaron a Danubio, y los tricolores porque quedaron dos puntos más lejos del líder, lo que lleva a pensar que al cuadro que dirige Lasarte, por más linda que sea la luna de miel que disfruta enamorado de su gran campaña en la Copa Sudamericana, se le va la novia del campeonato...
El gobernador Viana
Viera: Sin fallas. No le quedaba otra en la jugada en la que fue bien expulsado. Romero: Firme. En gestión seria, "se comió" a Blanco. D. Rodríguez: Reaparición aceptable. Godín: Pifió en la jugada previa al gol adversario. Sin la presencia acostumbrada. Arismendi: En los 45` iniciales le dio una gran mano a la línea de 4. En el complemento bajó algo. Viana: El mejor. Se juzga por separado. La Luz: En el primer tiempo acompañó, achicando espacios. En el segundo pareció sentir la vuelta y el rival entró siempre por su flanco. Martínez: Buen arranque. Después perdió claridad en lo que es su fuerte: manejo y pase. Perrone: Inquietó en incidencias aisladas. Juárez: La pelota le rebotaba, pero anotó en una llegada que definió con clase. Márquez: Empezó bárbaro, inquietando a la zaga contraria. Lo fueron controlando y desapareció en la segunda etapa. Tejera: No gravitó. Garcés: Obligó, pero desperdició una situación favorable. Alvarez: No logró destacarse.
WANDERERS
Muslera: Seguro. Alves: Fue de menos a más. Martínez: Impreciso. Lo sustituyeron rápido. Gerardo Alcoba: Tras alguna dificultad inicial, consiguió afirmarse. Dadomo: Tuvo altibajos. Ramírez: Mejor en la retaguardia. Scotti: Ordenó, hizo buenos pases. Alvarez: "Metió pata". Gabriel Alcoba: Fue y vino. El más claro. Cedrés: Lo controlaron. Blanco: Trabajó colectivamente en 3/4 de cancha, pero arriba lo dominaron. Chávez: Hizo el gol. Pagua y Caro: Mejoraron la faz atacante.
Peaje en el medio de la cancha
7 A. VIANA
Sin brillar ni cumplir una actuación sensacional, su sobriedad y regularidad, tanto para marcar, achicar espacios, como para poner el primer cimiento en el armado, fueron realmente eficaces. Se constituyó, en definitiva, en el eje preciso sobre el cual giró la totalidad del andamiaje defensivo, especialmente en la retaguardia y el mediocampo.
Jugando como volante central, por lo general por detrás de una línea de tres integrada -de derecha a izquierda- por Arismendi, Martínez y La Luz, Agustín Viana "cobró peaje" en una zona vital de la cancha y ni siquiera perdió pie en el segundo tiempo, cuando el duraznense hizo agua sobre un costado del mediocampo.