ÁLVARO CASAL
En agosto de 2008 hubo en Montevideo 638 accidentes de tránsito. Cinco de ellos, involucrando a 7 vehículos, tuvieron resultados fatales. En ninguno participó una conductora mujer.
¿Mera casualidad? No parece. Veamos otros datos: de los 122 conductores involucrados en accidentes graves durante el mencionado mes, sólo el 11% eran mujeres. El 89% eran hombres.
Si bien no se conocen las cifras exactas, hay que reconocer que circulan más hombres que mujeres al volante. Aun así, estamos ante elementos a tener muy en cuenta y en realidad, nada de esto es demasiado sorprendente si nos atenemos a las actitudes de hombres y mujeres en el tránsito.
Como observó un experto inglés, será difícil solucionar los problemas uruguayos de circulación vehicular si quienes manejan utilizan los automotores como una extensión de su yo, como un instrumento para desafiar y tal vez un indebido emblema de machismo.
Algo que no suele ser ingrediente del estilo de conducción de las damas.
El director del Instituto de Seguridad y Educación Vial, Arturo Borges, ha señalado: "Los accidentes en Uruguay tienen género masculino porque el hombre tiene una actitud soberbia y subestima el riesgo". Asimismo Borges ha observado que en los cursos de manejo, las mujeres "se apegan más a las instrucciones y las reciben de manera más atenta, hacen preguntas, reconocen que existe un proceso de internalización de la información. Al manejar las mujeres son más conservadoras, no arriesgan, porque perciben el peligro de otra manera y toman decisiones más racionales".
Obviamente hay excepciones tanto en cuanto a mujeres como a hombres, pero éste es el panorama general y tiene que ser tomado muy en cuenta. Junto con otros ingredientes que hacen a la peligrosidad de nuestro tránsito.
Este tránsito donde hay que manejar preparado para cualquier eventualidad, ya que no es nada raro que en la penumbra aparezca un carro manejado por menores y tirado por caballos caprichosos, que surja un ciclista sin luces en plena oscuridad, una moto a contramano o vehículos como taxis u ómnibus que por su naturaleza ubicua deberían ser los manejados con mayor cuidado y en realidad distan mucho de serlo. Y a ello se suman los "profesores" de manejo que pretenden encauzar a los demás con insultos o simplemente al grito de "¡tenías que ser mujer!"
A lo dicho se adicionan ingredientes de tipo endémico. Muchos desdeñan el cinturón de seguridad y hay vastas regiones donde el casco no se usa o es una simple decoración ya que se trata de una protección inexistente.
Y no hay que saltearse la realidad de que los vehículos automotores que se utilizan en Uruguay, como en otros países en vías de desarrollo, no tienen muchos equipos como "air bags" o mecanismos anti-bloqueo de frenos, que sí son ubicuos en países desarrollados.
Revertir la circunstancia del Uruguay actual será un trabajo de años que sólo puede encaminarse debidamente con cursos relativos al tema, dados desde Primaria y culminando con la Secundaria, como se hace en Estados Unidos.
Entretanto, hay que manejar en forma defensiva, recordando que muchas veces no llega primero el que más se apresura, sino el más constante en la operación de algo que no es un mecanismo para exhibir desplantes sino un medio de transporte más. Sencillamente, como lo encara la mayoría de las mujeres.