Tabaré Vázquez abandonó una vez más, aunque sólo por un rato, su banda presidencial de todos los uruguayos y se puso la frenteamplista. No sorprende, porque a lo largo de sus tres años y medio de mandato lo ha hecho en más de una oportunidad. Al fin y al cabo, el hombre es un político avezado y elige cuando le conviene jugar en una cancha y cuando le sirve pasarse para la otra.
El motivo en este caso fue la crisis financiera mundial, que a su juicio ha provocado un adelanto del clima electoral, que, de alguna manera, es necesario combatir. Recordó que blancos y colorados critican y atacan en forma tenaz la gestión del Frente Amplio y exhortó a sus ministros a movilizarse y recorrer el país para explicar lo que ocurre. Y, la primera voluntaria que encontró para su cruzada fue, nada menos, que la ministra Arismendi que no tuvo peor idea para iniciar esa campaña, que hacer mención a la crisis, no internacional, sino directamente uruguaya del 2002-03: "me parece una inconsciencia brutal que se invoque a los demonios. Nosotros dimos ejemplo cuando la crisis del 2002". ¿Cuál fue ese ejemplo del que tanto se enorgullece la ministra?
Si mal no recordamos, cuando parecía que en nuestro país todo se caía a pedazos, que el desmoronamiento era absoluto, los bancos quebraban, los comercios cerraban, gente despedida, salarios rebajados, hubo episodios de copamiento y saqueos de supermercados -similares a los de la Argentina ante y pos de la Rúa-, el Fondo Monetario nos bajaba el pulgar y la incertidumbre provocaba desesperación, apareció como un milagro la ayuda directa del presidente de los Estados Unidos (nos guste o no, de George W. Bush) que nos tendió una red de 1.500 millones de dólares que frenó la caída. Pero las tensiones continuaban, los vencimientos de deuda nos amenazaban y su reprogramación era la única salida. Con Alejandro Atchugarry como ministro de Economía y con el apoyo de todo el Partido Colorado, el Partido Nacional y el Partido Independiente, el país se lanzó a gestionar "aire" para sobrevivir, mientras que desde el FMI, sus directores Horst Köhler y Eduardo Aninat manejaban que el "default" era la única salida para el Uruguay. Y para sorpresa, un líder político nacional se sumó a las agoreras profecías del Fondo, para quebrar la imagen de un país unido, dispuesto a pelear por su destino: Tabaré Vázquez.
En el peor momento, cuando las aves de carroña sobrevolaban esta tierra, primero en la Mesa Política del Frente Amplio y luego al programa "En perspectiva" de radio "El Espectador", sentenció que el país estaba quebrado, que "Uruguay no está en condiciones de enfrentar la deuda externa que hoy tiene, no puede. Si lo obligan… va a entrar en cesación de pagos. Esto no es un problema de liquidez, como dice el Ejecutivo, sino de insolvencia". La solución para él y para el Fondo Monetario Internacional era el "default". ¡Qué mensaje para los poseedores de deuda uruguaya! ¡Qué linda manera de colaborar para solucionar la crisis! ¡Qué solidaridad con el país! Como dijo en aquel momento el diputado del PI, Iván Posada, "con uruguayos así, ¿para que necesitamos enemigos?".
Y no fue solo Vázquez. Con la única excepción de Astori, fue todo el Frente que se encolumnó en rechazar de plano la reprogramación de la deuda externa. La hoy ministra Arismendi incluida.
Esa reprogramación, pese a los esfuerzos de Vázquez y Cía. fue un éxito y salvó a Uruguay. Lástima que de la crisis se aprendieron pocas lecciones y con los primeros brotes de una primavera en el comercio mundial, el Frente Amplio -ya en el gobierno- transpiró arduo en gastar todos los beneficios, sin un atisbo de austeridad. El Estado se engrosó en miles de funcionarios y todas las advertencias sobre la necesidad de ser mas cuidadosos con los dineros públicos fueron desoídas. Lógicamente que no estamos en la misma coyuntura del 2002. La bonanza de los años siguientes hizo que los precios de las materias primas uruguayas -encabezadas por la carne- treparan a niveles desconocidos y al influjo de esos vientos el país se encuentra más sólido. Pero con un poco de prudencia gubernamental podría estar mejor. Y lo cierto es que la crisis financiera internacional va a pegar en nuestro mercado, como ya ha empezado a hacerlo en el de los vecinos.
Entonces, a no molestarse si la oposición critica duramente al gobierno por haber desaprovechado la oportunidad de blindar al país. Hubo tiempo y recursos de sobra para hacerlo, pero se prefirió incrementar en forma acentuada el gasto público.
Hace un mes, las estimaciones de crecimiento para el 2009 eran del 4,6%. Ahora son sólo del 4% .