LA PAZ | La aprobación en el Congreso de un referendo para aprobar la nueva Constitución boliviana se constituye en un gran triunfo político para el presidente Evo Morales, mientras la oposición se fractura y las regiones rebeldes siguen mirando el proceso con desconfianza, señalan analistas.
El mandatario se regodeaba ayer de lo que considera un triunfo de su gobierno de lograr en el Congreso la convocatoria a un referendo para aprobar la nueva Constitución en enero, su principal arma para consolidar su plan de gobierno estatista e indigenista.
Pese a la calificación de triunfo, el gobierno obtuvo el voto de la oposición a cambio de modificar unos 100 de los 414 artículos del proyecto.
DIVISIÓN. La politóloga Ximena Costa señaló que "el acuerdo desactiva la crisis temporalmente", pero consideró que "la polarización es aún un problema irresuelto y reflotarán los conflictos, alimentados por los problemas económicos que llegarán al país, como coletazos de la crisis mundial".
El director de la agencia católica de noticias Fides, el sacerdote jesuita José Gramunt de Moragas, afirmó que Morales hizo concesiones a la oposición para sacar su Carta Magna, aunque el gobernante, "muy hábil en llevar el agua a su molino, presenta esta cesión como un espectacular triunfo".
El oficialismo aprobó en el primer texto de la Asamblea Constituyente que el actual jefe de Estado pueda gobernar hasta 2019, aunque ya en el Congreso tuvo que aceptar que sólo pueda ser reelegido una vez, hasta 2014, por la presión de partidos opositores.
La oposición, contra todo pronóstico, sufrió una fuerte fractura interna, porque los parlamentarios del este, centro y sur del país votaron junto al oficialismo; los de Santa Cruz y Beni, opusieron resistencia.
Los prefectos (gobernadores) conservadores Rubén Costas (Santa Cruz), Savina Cuéllar (Chuquisaca) y Ernesto Suárez (Beni), sumándose a las críticas de los legisladores disidentes, anunciaron su rechazo a la nueva Constitución, porque no reconoce todas las demandas regionales, como los gobiernos autónomos.
El acuerdo político llega a Bolivia como pan para un hambriento, pues el temor era que reflotaran nuevamente los conflictos sociales, como los de septiembre que dejaron el país al borde la guerra civil. AFP