Borrón y cuenta nueva

El tema de las papeleras en el litoral paso de ser un culebrón de verano a transformarse en una verdadera amenaza. Desde este diario todos los que tenemos el privilegio de expresar nuestra opinión hemos sido desde siempre terminantes en promover los beneficios de una inversión de esta magnitud. Desde la fuerza política que nos gobierna todo ha sido oscilante. Cuando eran férrea oposición y hacían lo imposible para que nada funcionara en el Uruguay quedaron bien grabadas expresiones del ahora Sr. Presidente referidas a el supuesto objetivo de quedarse con el agua que tenían las multinacionales que invertían en forestación. La Diputada por Río Negro del Frente Amplio utilizó su postura contraria a la instalación de estas empresas para ser electa representante nacional y en actas del Parlamento están las expresiones de los ahora gobernantes cuando se votó el Tratado de Protección de Inversiones con Finlandia.

Esta metodología que en resumidas cuentas se puede sintetizar en el entendido de que nada de lo dicho y hecho antes me obliga a ser coherente es la misma utilizada desde las más altas esferas del poder.

A nadie extraña lamentablemente las correcciones que de un día para el otro realizan nuestros gobernantes y las noticias de último momento tienen un giro de espectacular improvisación, que hace que la actividad periodística en la era progresista sea algo realmente entretenido.

Creemos válido por tanto hacer esta introducción para encontrar a los responsables de este camino sin retorno y para observar los acontecimientos con un contexto adecuado.

Si entramos en el camino de la lógica no encontraremos explicación, porque nadie entiende cómo un tema tan urticante, que reúne tanto apoyo popular, en donde es tan evidente la transgresión del derecho internacional de la parte argentina y que tiene el unánime respaldo de todo el espectro político, se trasforma de un día para otro en el escándalo institucional que tenemos hoy. Las causas de este deterioro no son otras que el no tener la capacidad de encontrarle la solución, léase capacidad de gobernar, acompañada con una desprolija catarata de declaraciones inconsistentes que realizaron los principales voceros del gobierno sin meditar aunque sea un solo segundo el impacto de sus palabras.

Frases como "después de las elecciones se tranquilizan los entrerrianos", "no nos van a patotear", "las plantas se hacen sí o sí", "pedido impertinente de Kirchner", "no hubo ningún acuerdo en Chile", "quédense tranquilos que ningún obrero quedara sin su jornal", "la cumbre se hace esta semana", o la última de "los responsables son los de Botnia", son perlas de un largo collar de falta de profesionalismo e improvisación.

Es la primera consecuencia palpable de este accionar taciturno del que tanto abusa la izquierda y que, lejos de llevarlos a una profunda reflexión, se quitan de encima la responsabilidad acusando a una de las empresas, o al diplomático encargado de llevar adelante las negociaciones, por su fracaso.

En un gobierno normal se debería hacer borrón y cuenta nueva, renovando a los que por impericia llevaron la situación a un punto de no retorno. Comenzando de vuelta con interlocutores válidos que convenzan a las partes, papeleras incluidas, de la tangibilidad de la solución, devolviendo al Uruguay esa tradición de ser un país con una formación internacional inversamente proporcional a su peso económico.

Sebastian da silva

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La única salida a este punto de no retorno es comenzar de cero con gente nueva y no con los responsables de esta situación.

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