MATÍAS CASTRO
Existe una forma de saltar a la fama y permanecer anónimo. Esto es lo que indica la última moda de robarle a los famosos. Estos días se ha notado una creciente ola de noticias de celebridades aquejadas por un problema tan mundanal como es la irrupción de los amigos de lo ajeno, por citar la terminología que usan los cronistas policiales de la televisión.
La última fue Natalia Oreiro, que de tan buena que es, no cabía imaginar que algún día le tocaría. Pero no todo le podía salir bien en sus proyectos, se podría decir con algo de resentimiento entre los dientes. El lunes entraron ladrones al taller donde se confecciona la ropa que vende junto con su hermana. El total robado equivaldría a unos 230 mil pesos argentinos, es decir, algo así como 1 millón 633 mil pesos uruguayos.
Los ladrones deben estar sorprendidos ahora al ver que su acto de maldad ha sido inmortalizado por la televisión e Internet. Es probable que nunca hayan soñado con tanta fama y a la vez con tal grado de anonimato.
El asunto sigue hacia otros países, aunque con algunos matices. La semana pasada arrestaron a dos empleados que trabajaban para David y Victoria Beckham que les robaban sus objetos personales y los vendían por Internet. Aparentemente les habían robado cosas de su mansión en Inglaterra, en la que no viven, ya que están instalados en Los Angeles. También hay que recordar que días atrás le robaron a Juanes, el cantante colombiano, su computadora y su celular de un hotel. Este caso no es muy diferente al de Beckham, ya que quién sabe cuánto puede haber en el celular de una celebridad.
Lo de Valeria Mazza fue distinto. Se dijo que le habían robado en un shopping, y que hasta le habían puesto un arma en la boca. La idea gustó en el imaginario popular, pero fue desmentida de inmediato por ella misma.