JUAN EDUARDO AZZINI
Fue en diciembre de 1947 cuando Ludwig Erhard, que había dejado su cátedra por razones políticas años antes, y entonces asesoraba a la Bizona de ocupación, planteó a los aliados un proceso urgente de eliminación de los rígidos contralores dejados por los nazis. La situación del territorio era desesperante: diez millones de refugiados del Este, sin trenes, agua, luz, gas, viviendas y escasos alimentos. Su idea era eliminar la rígida planificación y los múltiples contralores para proteger a los sectores más débiles y restablecer la confianza. El pueblo respondió con mayor rendimiento antes que exigir aumentos de salarios.
Pero la Reforma Monetaria de Erhard se complementó con un trío de economistas de EE.UU. que estaban trabajando con la misma idea: Goldsmith de Yale, Gerhard Colm de la Oficina de Presupuesto y Joph Dodge de Detroit. Los planes eran coincidentes. Pero los británicos querían mantener la planificación y también los soviéticos. Erhard piensa, no en un Estado gendarme, sino que cree reglas de juego contra los Kartels, en un mercado libre, con reformas monetarias y fiscales, que llevaran a un mayor bienestar, consumo y alza de salarios. Era lo que Muller-Armack llamó la "economía social de mercado".
Erhard la definía claramente, cuando por fin se aprobó la ley del año 1948: "no estoy dispuesto a volver al liberalismo del siglo XVII y del XVIII. El mercado solamente, con la sola oferta y demanda son reglas ya ortodoxas que no acepto. Un Estado moderno y responsable no puede permitirse que se le relegue a simple vigilante nocturno". Y agregaba que debía protegerse al más débil del mercado y dar simples, sólidas y creíbles guías de acción a largo plazo para que la gente pudiera orientarse y trabajar. "No creo en los controles rígidos y la severa planificación de la época anterior", agregó.
Pero surgió una dura oposición de ciertos sectores que calificaron la reforma como "un salto al agua fría", palabras que se usaron en todos los lugares posibles, hasta pintadas en las paredes.
Y siguió un período muy amargo para el Ministro de Economía, no sólo en lo interno. La URSS jugó un papel terminante: desde el primer momento se opuso a la reforma monetaria y a la eliminación de los controles, no admitió la emisión de nuevos billetes y, finalmente, imprimió en Leipzig, su zona de ocupación, un billete especial. EE.UU. se vio obligado a imprimir Deutschmark sin marca de origen. Así quedó sellada la división alemana en 1948.
Por fin en 1951 la recuperación fue evidente. En ese año estábamos en un coloquio en la Universidad de Frankfurt con el Prof. Fritz Neumark y apreciamos, entre las ruinas de la ciudad, el trabajo de todos los habitantes para recomponerla y la vuelta de la confianza. Las elecciones de 1953 le fueron ampliamente favorables. Alemania era la primera potencia exportadora de Europa y duplicaba su producción.
En 1958 llegó el espaldarazo a la reforma monetaria, trabajo para todos, libre convertibilidad del Marco, un préstamo a Francia por 60 millones de Marcos, e ingreso al MCE. En 1966 se retiró Adenauer y Erhard llegó a la Presidencia.
Ese fue el llamado "milagro alemán", fruto del sacrificio de un pueblo que colaboró sin interponer "la máquina de impedir", al tesón de un hombre que pensó en su patria soportando solo el peso de la reforma, y a la continuidad de un gobierno, elemento básico para no distorsionar la reforma de 1948.