Testimonios

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Nora Rey: "Tengo una buena cantidad de años para sacarle a la vida ventaja"

Nora Rey tiene 52 años y cinco nietos. Padece hepatitis autoinmune en etapa de cirrosis y espera un trasplante de hígado desde hace ocho años. Nora se lamenta: "muchos otros compañeros han quedado por el camino sin conseguir un trasplante". La enfermedad le provoca mucho cansancio y limitaciones en su vida diaria. Hace seis años la jubilaron de auxiliar de enfermería del Hospital Italiano porque no le daba el físico. Ahora no puede hacer las tareas en su hogar porque se fatiga. "Me canso hasta de caminar y no aguanto", cuenta. Al tiempo que remarca que la hepatitis autoinmune es progresiva y no tiene tratamiento, sólo un trasplante de hígado puede salvarla. A eso se le agrega las situaciones límite que tiene que pasar cotidianamente: las várices esofágicas que provocan hemorragias y muchas veces conducen a la muerte; la baja coagulación que puede provocar una hemorragia y finalmente las infecciones generalizadas. "Es angustiante", dice, "pero sobre todo para niños que están en la espera de un donante y no saben cuánto tiempo tardará". Es que los trasplantes de hígado no se hacen en Uruguay, por lo cual debe esperar el llamado de que haya un órgano compatible desde Buenos Aires. Lo que conlleva que en esa lista también haya miles de argentinos. "Creo que tengo todavía una buena cantidad de años para sacarle a la vida ventaja", asevera emocionada.

Juan: "Soy un caso en tres millones por ser trasplantado dos veces"

Juan Andrés Piazza tiene 25 años. Ya lleva dos trasplantes de corazón y no tuvo que esperar más de tres meses en cada caso para conseguir el órgano. Hoy integra el Instituto Nacional de Donación y Trasplante y pasó su adolescencia "de médico en médico y de análisis en análisis", ya que a los 12 años le detectaron que tenía una miocardiopatía dilatada (el corazón muy grande que no tenía espacio para latir). En su caso las limitaciones fueron progresivas: primero iba al liceo y no podía correr. Luego pasó a una cama inclinada para poder respirar. Su caso llegó a ser tan extremo que le llegaron a dar 24 horas de vida cuando apareció un donante. Fue el tercer niño con trasplante de corazón en Uruguay. A los 20 días de la operación ya estaba corriendo y reintegrándose al liceo "para sorpresa de todos". Durante siete años y medio con ese "corazón ajeno" tuvo una excelente calidad de vida, tanto que hasta fue a competir en natación a Budapest por las Olimpíadas para Trasplantados. Pero a los 21 años volvió la insuficiencia. "De mi casa a la parada del ómnibus hay una cuadra y tenía que sentarme dos o tres veces porque no me daban las fuerzas para llegar", relató Juan Andrés. A los dos meses y medio la suerte volvió a llamar a su puerta cuando le avisaron que había otro corazón compatible para él. "Sé que soy un caso en tres millones por ser trasplantado dos veces y en Uruguay", opinó.

Mariela Brito: "Nunca me consideré una persona enferma, sí con limitaciones"

Si bien llegar a un trasplante es difícil, cuando se tienen que hacer simultáneos la dificultad aumenta tremendamente, aunque hay excepciones. Mariela Brito, de 37 años, es una de las 15 personas en Uruguay que fue trasplantada simultáneamente de páncreas y riñón.

Todo comenzó cuando a los 23 años a Mariela los médicos le diagnosticaron diabetes e hizo una nefropatía diabética, una enfermedad renal que se da como complicación de la diabetes. Poco a poco su calidad de vida se fue deteriorando. "Podía trabajar pero pasaba mucho tiempo internada" fundamentalmente por las parálisis que le producía la Pliartritis Rumatoidea Crónica (PARC).

Mariela cuenta que en octubre de 2006 volvió a nacer. "Nunca me consideré una persona enferma pero sí con grandes limitaciones que desaparecieron totalmente con los trasplantes", afirma. Recuperó la visión, algunos valores que tenía alterados como el colesterol se normalizaron, un principio de piorrea desapareció y la PARC está inactiva sin empujes.

Quien vive estos problemas en carne propia sabe que es necesario aumentar la disponibilidad de personas con voluntad de donar órganos. Mariela fue donante total desde los 18 años y nunca se le había pasado por la cabeza que a los 35 años estaría "del otro lado del mostrador".

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