MARCELLO FIGUEREDO
Ajústense los cinturones. La crisis económica mundial tendrá efectos secundarios de temer. Ya se sabe, por ejemplo, que la solidaridad internacional deberá esperar un buen rato en el freezer, por lo que en este mismo momento peligran la comida y los medicamentos para millones de personas de los países más pobres. "La situación podría derivar en una auténtica catástrofe si, como es previsible, gobiernos y particulares recortan ahora sus ayudas", alerta la Organización No Gubernamental Save the Children. Para decirlo en números, según cifras publicadas en El País de Madrid la crisis amenaza con reducir drásticamente los 76 mil millones de euros destinados este año por la comunidad internacional a la ayuda al desarrollo. ¿Suena mucho? Pues es la décima parte de lo invertido por Estados Unidos y Europa en menos de tres semanas para reflotar a sus instituciones financieras.
Las comparaciones son odiosas, claro, pero muy ilustrativas. De acuerdo a lo declarado por un responsable del Programa Mundial de Alimentos (que sólo durante 2007 asistió a casi 90 millones de personas en 80 países), con el dinero movilizado en Estados Unidos para el plan de rescate ese programa de cooperación podría funcionar al menos durante unos 100 años. Y en España, el director de la Oficina de Estudios de Desarrollo del PNUD, Pedro Conceicao, ha sido de lo más claro: "esta crisis la han causado los excesos de los más ricos y sería desolador e imperdonable que acaben muriendo de hambre y enfermedades fácilmente curables millones de personas que ni siquiera han tenido la oportunidad de disfrutar de la bonanza económica de los últimos años", dijo a El País.
La crisis tendrá otras derivaciones igualmente alarmantes. En Londres, Barbara Stocking, directora general de Oxfam, acaba de advertir que millones de vidas inocentes serán quebradas por su exposición a la volatilidad de los mercados. Se refería, básicamente, al efecto devastador que la suba del precio de los alimentos producirá en muchas partes del mundo. Un par de ejemplos: camboyanos y filipinos tendrán que pagar el doble por la harina y el arroz; y el trigo ha trepado hasta un 300 por ciento en Guatemala.
Mientras tanto, un informe elaborado por la ONG Acción contra el Hambre acaba de revelar que los 19 millones de niños que padecen desnutrición aguda severa en el mundo podrían salvarse invirtiendo 300 veces menos dinero que el empleado por la Unión Europea en su plan de rescate financiero: apenas 3 mil millones de euros. Si desconfían de las ONG`s, sepan que según datos del reputado Banco Mundial y del Programa de Alimentos, sólo durante 2008 caerán en la pobreza de 100 a 130 millones de personas. Y entre éstas, 75 millones se sumarán a las huestes de los 900 millones de desafortunados que ya pasan hambre en el mundo.
Esos números sí que son rojos; pero no hemos visto, todavía, que los señorones del G-7 celebren una comilona para discutirlos, ni que se reúnan de forma grave y urgente durante un fin de semana para tratar el asunto. De momento tienen otras prioridades, naturalmente.