Julia Rodríguez Larreta
Viví en Madrid cuatro años, entre 1974 y mediados de 1978, cuando gobernaba todavía Franco, y luego en el período de la transición. Tiempo aprovechado para visitar casi todos los confines de España, escribir crónicas y hacer entrevistas a personalidades políticas y del mundo de la cultura.
Si bien vuelvo de vez en cuando, cada vez que lo hago, me impresiona su evolución. Del Madrid negruzco por el hollín de aquellos días, al resplandeciente de hoy, con sus edificios de fachadas que relucen al sol y que por las noches se destacan con su iluminación. La limpieza de sus calles, (rasgo que se mantiene desde mis tiempos) y el movimiento diurno y nocturno, refleja el dinamismo de una economía que durante años no paró de crecer. Es la España de la Unión Europea, de la OTAN y de la democracia recuperada sabiamente.
A fines de septiembre pasado, retorné para una intensa semana que sirvió para ponerme al día con el acontecer de la madre patria, invitada por la Fundación Carolina. Institución, con respaldo estatal y empresario, creada por el gobierno español en octubre de 2000, al cumplirse los 25 años de la proclamación del Rey Juan Carlos y los 500 del nacimiento de Carlos V. De ahí su nombre. Bajo la dirección de Rosa Conde, cumple con su objetivo de promover las relaciones culturales y la cooperación en lo educativo y científico, con los países de la Comunidad Iberoamericana de Naciones y algunos otros.
La crisis financiera tiene, según cada país, sus componentes particulares. Los bancos españoles, son considerados sólidos, al menos hasta ahora y dos de ellos, potencias mundiales y de importante presencia en el Uruguay, están capeando bien la tormenta. Pero el boom inmobiliario se frenó, han caído los valores de los inmuebles y de la bolsa, ha bajado sustancialmente la venta de automóviles y la merma de la publicidad que experimentan los diarios, indican claramente que los años de las vacas gordas terminaron. El gobierno y el Partido Popular parecen estar unidos para enfrentar el problema. Sin embargo, la oposición le echa en cara su tardío reconocimiento de la inminente recesión y el no haber tomado medidas antes. Es difícil en estos momentos, abstraerse de este fenómeno, pero sobre el mismo se escribe tanto, que abordaré otro de los que están en carpeta.
Desde el anuncio de la Ley de Memoria Histórica, según lo escuchado, la impresión es que lejos de lograr los objetivos supuestamente buscados, de concordia y reparación, los ánimos de gran parte de la población se han irritado por el reavivar hechos y recuerdos terribles, que más vale hubieran continuado siendo tratados discretamente, por historiadores y sociólogos. La iniciativa oficial ha despertando sentimientos revanchistas y ya algunos agitan banderas de odio. Para la mayoría de la gente, la justicia hubiera podido dirimir los asuntos todavía pendientes, sin necesidad de esta legislación y debate, que distraen las fuerzas del pueblo español y exacerban el enfrentamiento. Muchos en España han quedado escandalizados por la presión ejercida sobre los familiares del asesinado poeta Federico García Lorca, para desenterrar su cadáver, demanda a la que a regañadientes accedieron. ¿Con que objeto?. Ciertamente no para difundir su obra, su poesía.
A través de algunos medios, periodistas y locutores abogan en favor de reivindicaciones asimétricas, ajustadas a la orientación política del gobierno, que dicho sea de paso, no fue la de Felipe González, quien siempre trató de privilegiar el perdón y la comprensión como manera de fomentar la unidad. Revivir ahora la guerra civil, sus horrores y sus consecuencias, ¿para qué?.
Quizás la República hubiera podido sobreponerse a la anarquía, los asesinatos y los desordenes previos al golpe militar, sin caer en manos de los comunistas o de los anarquistas. Pero no hay que olvidar que en casi toda Europa, entre los años 30 y 40, con excepción de Suiza, Inglaterra y Suecia, los nazis, los comunistas o los fascistas, tomaron el poder o invadieron países vecinos.
Así que a Franco se le debe reconocer, que más allá de su gobierno autoritario, luego de consolidado su poder, y de haber recibido ayuda del eje durante la guerra civil, tuvo la firmeza y la habilidad de no permitir que Hitler atacara por tierra a Gibraltar en 1940-41, punto estratégico y vital, que le permitía a Inglaterra ejercer un relativo dominio sobre el Mediterráneo. Si hubiera caído ese bastión, las tropas inglesas en Egipto hubieran quedado aisladas y probablemente el resultado hubiera sido la toma del canal de Suez por los Alemanes e Italianos.
Se puede especular sobre cuales hubieran sido las consecuencias para el mundo, pero lo cierto es que Franco no se alió con ellos. Sí autorizó pertrechar el envío de una división de voluntarios españoles para luchar contra los comunistas en la Unión Soviética. Sin duda, el Caudillo hizo cosas muy censurables, se entronizó en el poder y ejerció una dictadura aislacionista, pero no hay porqué desconocer sus aciertos. Por ejemplo,el haber preparado al reino y los estamentos de la sociedad, para una transición democrática y pacífica. Objetivo bien logrado.
Erosionar ese legado y agitar los fantasmas del pasado, puede ser una gran equivocación.