Reencuentro inesperado

El era un adolescente en un campo de concentración nazi. Ella era un poco menor y vivía libremente en un pueblito vecino, en el que su familia se hacía pasar por cristiana. Sus miradas se cruzaron a través de un alambre de púas y ella se preguntó si podría hacer algo por este joven apuesto.

Llevaba manzanas en ese momento y decidió tirarle una sobre el alambrado. El la atrapó y regresó corriendo a la habitación. Según relatan, volvieron a verse al día siguiente y ella le tiró otra manzana. Siguieron por varios meses. Ella tiraba, el atrapaba, y los dos salían corriendo.

Jamás se dijeron sus nombres ni cambiaron una palabra. Un día él se acercó al alambrado y le dijo que no volvería. Muchos años después se cruzaron en Nueva York, sin reconocerse. Hablando sobre su vida, cayeron en la cuenta de que eran "los chicos de las manzanas". Ahí comenzó su historia de amor.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar