FERNANDO MANFREDI
La Orquesta Filarmónica de Montevideo presenta hoy el concierto denominado Belleza, título que como los de toda esta temporada es inspirado en un pasaje o frase de Carlos Vaz Ferreira, cuya memoria ha sido evocada durante todo el año de diversas maneras, la más reciente en el Día del Patrimonio.
En esta ocasión la orquesta capitalina, será dirigida por la talentosa conductora española Pilar Vañó y contará con la actuación solista del pianista Eduardo Alfonso. El programa es muy atractivo y "muy ruso": Concierto No. 2 de Sergei Rachmaninoff y Sinfonía No. 2 de Piotr Ilych Tchaikovsky.
El bellísimo segundo concierto para piano es una obra emblemática en la carrera creativa de Rachmaninoff y esto se debe a que con ella, el compositor quebró un largo paréntesis creativo, producto de la mala recepción que tuvieran algunas de sus obras.
Desde el ataque del acorde inicial de siete notas graves, uno intuye lo interesante que va a resultar la obra, uno de las más románticas jamás escritas. Estos primeros acordes imitan simbólicamente campanas (Rachmaninov tenía obsesión con éstas). El final del primer movimiento y el inicio del segundo, con la flauta y el clarinete solos, se desarrollan lentamente, con encanto y creando un ambiente onírico e introspectivo. En el tercer movimiento, la orquesta muestra gran sentido del lirismo que es capaz de manifestar. El concierto tiene muchos momentos espectaculares, en los cuales la orquesta, entusiasta y colosal, combate de igual a igual con la destreza de la pianista.
La segunda sinfonía de Tchaikovsky, tiene una esencia rusa, aunque la escuela nacionalista parecía no contar con la aprobación del compositor. Pueden rastrearse en las melodías canciones folklóricas de origen ucraniano. Esto sucede en la introducción del primer movimiento, en el tema principal del segundo movimiento. Debido a que, en la época de Tchaikovsky se llamaba a Ukrania como "La pequeña Rusia" esta sinfonía recibió ese apodo que no fue elegido por el gran compositor.