Danilo Astori, ya en pleno tren de candidato, propuso un debate con el ex presidente Lacalle, a fin de comparar las gestiones del gobierno que éste encabezó y la del gobierno actual, del que él fue ministro de Economía, hasta hace días. Lo propuso para el año próximo, pero no se limitó a lanzar el reto. Desde su Olimpo, le aconsejó a Lacalle que "se informe, que estudie, que no maneje cifras que no son correctas". Y, con su soberbia en alza, descalificó las críticas del precandidato nacionalista a su reforma tributaria, afirmando que éste, sobre esta materia, "Se equivocó en todo lo que dijo. No dejó nada sin cometer errores". Y por ahí siguió, irrespetuosamente.
Lacalle, ni lerdo ni perezoso, recogió el guante, con la única condición de que el debate sea "sin soberbia y sin agravios". Y, con razón, le reclamó "más humildad", que por cierto le hace falta. Astori, al parecer, se considera infalible. Sin embargo, que esa condición no humana le falta por completo, es fácil demostrarlo. No hay mejor manera de refutarlo que citándolo a él mismo. Porque el Astori opositor, en el Senado, dijo muchas veces todo lo contrario de lo que hizo como ministro.
Tratábase en la Cámara Alta, el 20 de abril de 1995, un proyecto de ley con modificaciones tributarias, que variaba una vez más las tasas del impuesto a los sueldos, fijándolas en 1%, 3% y 6% -2%, en la segunda franja, para los jubilados-, según que percibieran hasta tres salarios mínimos nacionales (SMN), entre tres y seis SMN, o más de seis SMN.
Dijo entonces el senador Astori, en el curso de su extenso discurso: "Quiero aclarar que nos gustaría proponer algunas modificaciones, como, por ejemplo, a las franjas que se han tomado en cuenta para el impuesto a las Retribuciones Personales, tanto de activos como de pasivos -que por lo dicho anteriormente nos parecen muy injustas-", sugiriendo luego "terminar de una vez por todas de ser el curioso caso de un país que sólo cobra impuestos a la renta a sus asalariados y a sus pasivos mientras no se le ocurre cobrárselo a los demás". (Diario de Sesiones del Senado, T. 366, pág. 232). Y agregó: "Quisiera que el Uruguay dejara de integrar esa categoría, en la que no sé si habrá otros países en el mundo, en realidad no sé si existen otros países que cobran impuestos a la renta a quienes viven de un salario o de una pasividad".
Transcurrió una década y Astori, devenido ministro de Economía, hizo una reforma tributaria sin que el Uruguay dejara de integrar esa categoría de países -para él exótica y aberrante- que cobran impuestos a la renta a trabajadores y jubilados. Más allá de que salarios y pasividades no son rentas. Más aún. Esas tasas y franjas que le parecían "muy injustas" y que al 1° de marzo de 2005 eran de sólo 2% para todos los pasivos, él las elevó enormemente, al 10, 15, 20, 22 y 25%, en forma progresiva y acumulativa según las franjas de ingresos de estos contribuyentes. A quienes aplicó un brutal mazazo impositivo, siendo que, en rol opositor, antes proponía no gravarlos.
Lo atacó la amnesia. Pero no sólo en este punto. En dicha misma sesión del 20 de abril de 1995 habló de "carnaval electoral" con relación al "ingreso de funcionarios". "Quiero decir -afirmó- que el país pagó para reducir el número de sus funcionarios públicos, pero nos encontramos con que por la vía de ingresos y contratos de arrendamientos de obra, éste termina gastando mucho más que aquello que pretendió ahorrar. Además, estoy seguro, que esto ha estado vinculado al clientelismo político-partidario" (Diario de Sesiones cit., pág. 233). Llegaron el Frente Amplio y el infalible Astori al gobierno, y el número de funcionarios públicos creció en varios miles. Este nuevo Catón cerró su gestión ministerial con una ley de Rendición de Cuentas en que se aumentó el gasto público considerablemente, se crearon más de mil nuevos cargos y se autorizó a varios Ministerios a contratar personal zafral, becarios y pasantes, sin límite alguno. ¿Esto, señor Astori, no es un "carnaval electoral" y no está "vinculado al clientelismo político-partidario?" Por supuesto que sí. Pero, además, con el colapso financiero estadounidense a la vista, el suyo fue un acto de inconsciencia. Deje de pontificar, pues, que su falta de memoria es enorme. ¿O ya se olvidó, también, de que aseguró que su reforma tributaria iba a hacer mermar la recaudación, y que la misma sólo gravaba a 90.000 pasivos, que resultaron ser 162.000?