Pentotal educativo

SERGIO ABREU

En estos días, han surgido desafíos para debatir respecto de los resultados que el gobierno del Frente Amplio ha alcanzado en estos tres años y medio. La discusión parece conveniente, pero no suficiente, ya que no puede quedar limitada a determinar a quién le cerró mejor los números, sino a los resultados alcanzados por las políticas que se llevaron a cabo.

Las políticas sociales adquieren en este caso, una especial importancia y, entre ellas, la reforma de la educación, porque el sistema educativo, el empleo y el crecimiento integran una trilogía indisoluble para mejorar el nivel de vida de la gente.

En esta área, el gobierno es responsable de un estrepitoso fracaso ya que ha postergado una reforma estructural de fondo por falta de entendimiento entre los sectores que integran su fuerza política. Es más, el primer Ministro de Educación fue Decano de una facultad y Rector de la Universidad de la República durante años; la actual Ministra, hasta hace poco ha sido Decana de la Facultad de Ingeniería y el ex Ministro de Economía fue Decano en dos oportunidades de Ciencias Económicas. La afinidad, el conocimiento personal del tema debió ser el mejor conducto para impulsar una reforma integral del sistema.

Lamentablemente, el gobierno ha comenzado a admitir este fracaso, demostrando que el doble discurso, el clientelismo y los compromisos con intereses corporativos, han podido más que las necesidades de la sociedad. Al desajuste entre educación y empleo se suma la ausencia de una formación ética que fortalezca los valores de la sociedad y que impulse la idea de la superación individual como el eje del crecimiento de las personas. Peor aún, durante estos cuatro años, más de 20.000 jóvenes, entre ellos los mejores, han emigrado en busca de mejor destino.

A pesar de lo dicho, la discusión con el gobierno se centró en los últimos tiempos, en la obtención de recursos equivalentes al 4.5% del PBI para la enseñanza. Y como hecho positivo, sólo puede notarse el plan "Ceibal", cuya aplicación queda descolgada de un proceso de cambio estructural y profundo que explica, inclusive, la reacción contraria de muchos maestros.

La falta de un criterio de evaluación de resultados en la Educación Pública ha alimentado el oscurantismo y la escasa transparencia en el funcionamiento del sistema; amparada en una autonomía que ha devenido en una equivocada autarquía, se ha puesto de espaldas a la modernidad y sigue prefiriendo educar para la confrontación en lugar de formar para la superación.

El proyecto de Ley de Educación que elaboró el Ejecutivo, deambula en los pasillos parlamentarios sin encontrar un impulso que lo pueda concretar. Ahora el propio Presidente anuncia su criterio favorable al cobro de la matrícula en la Universidad; por otro lado, sus autoridades resisten esta propuesta porque ha estado siempre en las antípodas de su pensamiento político. Los docentes están en pie de lucha y el gobierno parece que ha renunciado a impulsar una verdadera reforma para no afectar sus objetivos electorales en el año próximo.

El avance del conocimiento, la competencia, la apertura, las nuevas formas que el mercado laboral viene adquiriendo, son parte de una cultura ajena a la prioridad política del Poder Ejecutivo. Calidad, contenido y continuidad parecen ser extraños conceptos para las autoridades de la enseñanza.

Frente a esta situación, la educación será un tema central en el debate político de la próxima campaña electoral. El Frente Amplio tendrá que explicar la ausencia de una propuesta única como resultado de las diversas opiniones que en este tema han tenido el Poder Ejecutivo, los sindicatos de la Enseñanza y los distintos sectores políticos del oficialismo. También tendrá que justificar la conducta de la izquierda tradicional, que en el ejercicio del poder cuenta con mayoría legislativa y la dirección absoluta de todas las instituciones públicas que en el ámbito de la enseñanza requieren de la designación de sus autoridades por el Poder Ejecutivo. La ausencia de un liderazgo efectivo, los compromisos políticos y los espacios de poder que luchan entre sí, han generado una crisis de conducción en la enseñanza que ha paralizado la reforma de la educación. Y no exageramos cuando aseguramos que el futuro del país y la suerte de varias generaciones están en juego.

La educación duerme anestesiada por el pentotal de una conducción incapaz de administrar la realidad. La Administración que se va, la mantendrá en el quirófano a la espera de un cirujano eficiente.

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