EDWARD PIÑÓN
En Buenos Aires, los periodistas vomitaban", avisó Daniel Rosa a la redacción de El País, para anunciar lo que podía esperarme en el recorrido con el bicampeón del mundo de Fórmula Uno, Mika Hakkinen, a bordo de un maravilloso deportivo de Mercedes Benz.
Pero, no había nada, pero nada en serio, que pudiese evitar vivir la experiencia de ir en el mismo vehículo que un gran campeón. Ni siquiera la posibilidad de pegarse un gran susto.
Y, hay que reconocerlo, fue algo espectacular. Primero por la tremenda onda que le puso Hakkinen al recorrido, porque ante el pedido de aceleración y espectáculo respondió con una maniobra que -no puedo negarlo- generó algo de nervios porque rozó el cordón-. Y después, por tener la posibilidad de disfrutar aunque sea unos minutos un viaje a 160 o 180 kilómetros por hora en un vehículo increíble.
Sentir el viento pegándome en la frente, comprobar que el frenaje no te impulsaba del asiento hacia adelante, si no que te aplastaba contra la butaca de cuero, y ver cómo un pequeño juego de muñeca le permitía a Hakkinen eludir un cordón que desde el foco del acompañante parecía que iba a quedar estampado en las ruedas fue algo inolvidable.
La experiencia fue tan disfrutable que debería repetirse. No estaría mal que lo traigan el año que viene.