Mucho se habla de los "veteranos" de la música mundial que siguen trabajando y activos dentro de su profesión en todo el planeta.
Se sabe que el músico nunca abandona su profesión hasta la muerte. De hecho, son pocos los casos en los que el retiro fue permanente. Pero probablemente el pianista Bebo Valdés sea uno de los ejemplos más sorprendentes en cuanto a exquisitez, sentido común y longevidad.
El cubano, que llega a los noventa años de vida, está siendo homenajeado en estos días por diversos actores de la sociedad española, entre ellos la famosa Casa de América, que preparó para el pianista un homenaje especial.
Bebo Valdés, que abandonó La Habana cuando triunfó la revolución liderada por Fidel Castro y juró no volver, así como tampoco no visitar ningún país conducido por un gobierno de facto, vivió en Suecia actuando como pianista anónimo en bares y hoteles.
Recién en 1994, Valdés volvería a los primeros planos con el disco Bebo rides again (Bebo arranca de nuevo) en el cual, de la mano de Paquito D´Rivera, volvió como un gigante de la fusión entre el jazz y los géneros como el bolero.
Hace tres años que vive en España y, después del importante Lágrimas negras que lo unió con el cantaor Diego El Cigala, ahora prepara un disco junto a otro gran pianista cubano: su hijo Chucho.
Con él se reencontró después de una prolongada separación en la película Calle 54, del director Fernando Trueba, y de ahí surgió la idea. A partir del 23 de octubre ambos saldrán de gira.