De mezclas locales y caribeñas

"Ceros y cruces", el primer trabajo de Odair Tabárez.

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En las primeras canciones de su disco debut, es imposible no despegarse de la imagen de Carlos Vives, según la banda de Odair Tabárez va acompañando los versos alegres y cargados de buena "vibra" que va soltando el cantante y músico.

Luego aparecen otras variantes como la salsa y otros ritmos auténticamente tropicales combinados con alguna guitarra eléctrica, el caso de la "santanesca" Balcón de luna, y tambié de otras melodías acompañadas por arreglos bien entendidos de percusión.

La fusión, terreno complicado porque su resultado puede resultar intrascendente al abusar de la mezcla de varios géneros (hoy en día casi todo es "fusión"), en estos catorce temas tiene bastante claro hacia dónde se dirige. Antes que nada, Tabárez busca transmitir energías positivas y se esfuerza por la contundencia con un registro de voz rasposo que a veces gana demasiado protagonismo y atenta contra la canción.

Otras veces se sirve de ella, como en la guitarrera Yo no conozco el cielo, una canción que deja por un momento a los parches y lonjas para mirar al folklore. Las canciones pasan y con ellas se pueden identificar más elementos que visitan la mezcla: la samba, el funky y alguna balada, entre otros.

Ceros y cruces es un conjunto de temas que no parecen definir una nueva sonoridad por parte del artista. Ninguna de ellas sonará -ni tampoco dirá- nada muy novedoso.

Como trabajo de presentación y riguroso ejercicio de mezcla de géneros, es una prueba de la variadísima paleta de sonidos a la que puede recurrir Tabárez. Por lo demás, es un disco que enganchará más a los interesados en la disciplina de hacer dialogar varios estilos en una misma canción, y de varios géneros de la música tropical propiamente dicha. Es de esperar que los impactados también terminen bailando.

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