Andrés Escardó
En una columna publicada en agosto del año pasado en El País dijimos que el sector de hipotecas de alto riesgo se cobraría varias víctimas, tanto en EE.UU. como en Europa. Que los inversores continuarían nerviosos y dispuestos a deshacerse de sus activos de mayor riesgo y que Uruguay lamentablemente no iba a ser la excepción, previendo que los bonos uruguayos iban a ser castigados e iban a caer de precio. A más de un año de ese análisis y con la crisis en su peor momento, es tiempo de analizar qué es lo que podemos esperar para los próximos meses.
Allá vamos. A nivel internacional, la incertidumbre y la volatilidad de los mercados seguirá siendo una constante.
Más allá de la aprobación del paquete de rescate al sistema financiero estadounidense, las economías reales de EE.UU. y Europa ya se encuentran en la puerta de la recesión y el impacto de esa fuerte desaceleración perjudicará al resto de las economías mundiales.
Los bancos centrales del mundo tendrán que recortar las tasas de interés de forma coordinada para estimular la alicaída economía mundial.
Los últimos datos de EE.UU., en especial aquellos que refieren al frágil mercado de trabajo, así como la débil expectativa de expansión de la economía europea, han forzado a los inversores y agentes de mercado ha tomar real conciencia de que los planes de socorro al sistema financiero internacional no lograrán evitar que la economía global le escape a la recesión.
Los inversores seguirán nerviosos y deseosos de refugiarse en activos que aseguren sus ahorros.
El sector financiero internacional seguirá sufriendo las consecuencias del deterioro de las condiciones del crédito, con el impacto ahora concentrándose principalmente en Europa.
Si bien hemos recibido noticias de que la crisis hipotecaria de los EE.UU. ha impactado de forma más pronunciada en el Reino Unido que en el resto de Europa, existen algunos paralelismos alarmantes entre el mercado hipotecario estadounidense y el de algunos otros países del Viejo Continente.
En lo que se refiere a Uruguay y a los activos de su deuda, creo que nuestros globales seguirán enfrentando en el corto plazo una alta volatilidad.
Una vez que las medidas legislativas y financieras adoptadas por las autoridades de Europa y de EE.UU. logren estabilizar a los mercados, los precios de los activos emergentes vivirán una falsa primavera.
El temor a que la fuerte desaceleración en Europa y en EE.UU. impacte directamente en las economías emergentes, principalmente porque la crisis del crédito afectará a la inversión y a la demanda de materias primas, terminará perjudicando el desempeño de la deuda de nuestros países, incluido Uruguay.
En la medida que los agentes tomen conciencia de que el deterioro de las condiciones crediticias internacionales puede llegar a abortar el ciclo de inversión directa en el sector productivo de nuestros países, las presiones pueden llegar a ser mayores.
Si bien hoy el país es menos dependiente de la economía regional, se ha gerenciado inteligentemente el perfil de la deuda y el blindaje financiero es más resistente, concuerdo que el gobierno tendría que haber intensificado más su política fiscal contracíclica, que nos permitiría hoy timonear una economía más disciplinada, sobre todo en un contexto internacional de fuertes turbulencias y uno nacional puramente preelectoral.