Para muchos uruguayos el sueño americano se diluye

Impacto. Algunos perdieron vivienda o trabajo; a otros les cayó el sueldo

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El País

LUCÍA BALDOMIR

Con el derrumbe de Wall Street no solo los millonarios pierden. La crisis financiera también impacta a inmigrantes uruguayos que perdieron su trabajo, su vivienda o parte de su salario. Pese a ello varios son los que siguen tras el sueño americano.

Entre las mesas de "El Chivito de Oro" ubicado en Jackson Heights en Queens no todas las charlas traen malas noticias. "La crisis no es tanta como se piensa desde allá", dice Ricardo Criado desde Estados Unidos. Sin embargo, en seguida explica que "hay muchos uruguayos que han tenido problemas con las hipotecas porque cuando compraron era por poco dinero de entrega pero después le fueron subiendo el interés y los valores de las casas cambiaron y quedaron atrapados".

El panorama parece peor a cuatro horas de viaje de Nueva York, en Virginia, Washington. Enrique Cantua viaja 15 minutos desde su casa en Prince William hacia la sucursal de Bank of America que gerencia y, según dice, la vista no es la misma que hace un año atrás.

"Es preocupante. Todas las cuadras tienen carteles en las casas que dicen se vende, se remata, esta es propiedad de equis banco". El barrio en el que vive está entre los más afectados de todo Estados Unidos en cuanto a problemas con el pago de la hipoteca, explica.

Entre los vecinos se encuentran dos amigos uruguayos, padre e hijo, uno que perdió la casa y el otro que está en vías de hacerlo.

Uno quedó atrapado con el pago de una tasa variable para la hipoteca que, al modificarse los precios de las viviendas, se hizo imposible de afrontar. El otro se encontró en un espiral de malas opciones. Primero vio que la situación económica le empeoraba y no podía pagar. Luego recurrió al banco atraído por los anuncios de refinanciación que promovía. Sin embargo se encontró con que los planes se aplican a quien está atrasado en el pago y no a quien no puede pagar. Pensó en retrasarse pero se dio cuenta que eso empeoraba su historia crediticia y, por tanto, le aumentaban los intereses. Y para peor, aun así, no le refinanciaban porque su historia crediticia ya indicaba que era "malo", relató Cantua.

La suerte de Cantua es otra. El uruguayo no perdió la casa ni el trabajo, sino que es uno de los que se vio fortalecido tras que Bank of America rescató a Merril Lynch.

Pero pese a codearse con la mejor parte de la crisis financiera, el impacto no le es ajeno.

El 20% de su salario se basa en la productividad de su sucursal y desde que empezó la crisis la producción cayó entre 30% y 40%, "lo que no solo me afectó a mí sino a todos los empleados", dice.

"Si bien el banco generó unas ganancias de US$ 6.000 millones en el último trimestre, los días son de estrés y la situación es preocupante porque el mercado está decaído (...) Desde principios de año la cosa está complicada", agregó.

TRABAJO. Fuera de los efectos sobre la bolsa de valores e instituciones financieras, la crisis en Estados Unidos tiene impacto en la economía real. Esto es que perjudica el consumo y el empleo. Los precios varían y el crédito se hace más costoso.

A María Romero la crisis le impactó en un ajuste del cinturón. El viernes pasado sus jefes le avisaron que le reducirían un día de trabajo "hasta que mejore las cosa".

"Yo venía de viernes a domingo y ahora no trabajo más los viernes lo que me representa menos dinero", dijo Romero que atiende Uruguay Pizzería en New Jersey, Elizabeth.

"Ahora tengo que gastar menos y pensar más antes de comprar", dice. Aunque en su caso, un día menos de trabajo dice que le permite estar más tiempo con su familia.

Gustavo, otro uruguayo en Nueva York, está viviendo la situación contraria a Romero.

"Si te movés rápido conseguís rápido. Yo llegué exactamente hace dos semanas y repartí currículums en más de 40 restaurantes. Empecé en un café en el Soho la semana pasada y esta en un restaurante. Igual amigos que están en otras ciudades dicen que la cosa está más complicada", relata desde Estados Unidos.

Según Gustavo, que es ilegal, en un buen restaurante se puede conseguir el mismo salario que en un puesto "medio bien pago". Eso porque "el consumo es brutal" pese a que "la gente habla de la caída de la bolsa y el cierre de los bancos".

A Gustavo le juegan a favor los 35 años. El panorama de Alfonso Rodríguez no es tan positivo. A sus 75 años no sabe cuántas chances tendrá de conseguir un nuevo trabajo. El jueves pasado, diez minutos antes de que terminara su jornada laboral, le dijeron que ya no volviera al día siguiente.

"Ya no vengan, el trabajo de ustedes ahora lo van a hacer los transportistas", recuerda Rodríguez que le dijeron. El uruguayo culpa de la situación a "la ambición de Wall Street" y el "mal uso" del dinero de los impuestos.

Pese a que la crisis viene desde el año pasado, seis meses atrás Rodríguez estaba feliz. A través de una agencia de contrataciones se había conseguido un puesto en el puerto de Elizabeth en New Jersey limpiando cajas y cubriéndolas de plástico.

"Estaba contento porque sacaba US$ 500 líquidos a la semana por 11 horas y media diarias; era un platal", dice. El salario era más del doble de lo que solía ganar antes en otros puestos en el puerto.

Pero lo bueno duró poco. "Nos dimos cuenta que esto se acababa cuando echaron a dos peruanos que trabajaban con nosotros. Ahora no queda otra que salir a trillar", dice.

Aún restan varios meses antes que el temporal aclare sobre Wall Street y los efectos de la crisis frenen su expansión. En septiembre se estima que se perdieron más de 150.000 trabajos (de los 600.000 que van en 2008) en Estados Unidos.

Para Rodríguez es claro el efecto que tendrá en la clase media baja, mayormente compuesta por inmigrantes: "ahora el poco trabajo que hay se lo van a venir a buscar los yankees y nos van a sacar esos puestos que antes no querían y que teníamos nosotros".

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