"Enemigos" del régimen

Washington Beltran Storace

A Sergio Abreu le gusta hablar de "régimen" cuando se refiere al gobierno del Frente Amplio. Y tal vez tenga razón: a nivel del Estado, concentra a plenitud el Poder Ejecutivo; ha integrado con gente de su Partido la totalidad de los cargos en los Entes Autónomos y Servicios Descentralizados; en el Poder Legislativo tiene mayoría absoluta y férreamente regimentada que le garantiza sancionar a su antojo -o rechazar- las leyes que se les ocurra. En síntesis, el 50,45% de los votos que marcó el triunfo del Frente Amplio en las elecciones nacionales de octubre de 2004 se transformó en un 100% a la hora de integrar el aparato de gobierno; mientras que el 49,55% restante pasó a valer un 0%.

Pero eso no es todo, el gobierno, su partido, el régimen, controla el aparato sindical del país a través de su filial el Pit-Cnt y la Enseñanza Primaria, Secundaria, UTU y la Universidad de la República, ya sea por la acción de los sindicatos o directamente del propio partido.

Esta concentración fabulosa de poder no ha impedido la existencia de focos que no están alineados con el régimen, ya sea porque son independientes, ya sea porque plantean directamente su oposición. A diferencia de otros regímenes, pueden subsistir y pueden actuar porque están amparados por la Constitución, pero sufren en forma tenaz y creciente las embestidas que desde el poder se lanza para acallarlos, ahogarlos o desprestigiarlos, que en definitiva es más o menos lo mismo. Porque los que en una democracia plena se considerarían "adversarios", aquí se los trata de "enemigos" y por tanto el objetivo es uno solo: destruirlos o conquistarlos. Para eso están los enemigos. ¿Quiénes son?

Veamos algunos ejemplos:

1) Medios de comunicación. A poco de asumir el propio Presidente de la República se encargó de decir que había medios amigos y de los otros. Su ejemplo cundió rápidamente y a partir de esa declaración no hubo jerarca que, ante la menor crítica, manejara el fantasma de una campaña, conspiración o complot de los medios de comunicación. El último embate corrió por cuenta de la ministra del Interior, quien responsabilizó a los medios de comunicación por la "sensación" de inseguridad ciudadana, como si el incremento del delito y su violencia, fueran un pérfido invento de los periodistas.

2) Partidos políticos de oposición. Desde el gobierno se les vive reprochando a los legisladores de la oposición por lo que consideran exagerado número de llamados a sala o interpelaciones a los ministros. Se los presenta como personas que obstruyen y distraen permanentemente las tareas del gobierno, en forma caprichosa e irresponsable. ¿Es que hay alguna otra forma de contralor? ¿Hay alguna otra manera de conocer por qué se toman determinadas medidas o preguntar por presuntas irregularidades? No se contestan los pedidos de informes ni se integran comisiones investigadoras. ¿Qué camino queda para fiscalizar y vigilar al Poder? La Constitución es sabia y permite que por un tercio de votos se puedan llamar a sala a los Ministros. Aquí no juega el instituto de la mayoría automática para frenar estas propuestas, sino el sagrado derecho de las minorías.

3) Cámaras empresariales. Con la cohabitación de gobierno y central sindical han sufrido una fuerte ofensiva en varios frentes. El más notorio es el de las ocupaciones (unas 150 en un día) de los lugares de trabajo. Negociar en esas condiciones es muy difícil: no existe igualdad entre las partes y han hecho sentir sus voces de protesta en reiteradas ocasiones. La respuesta que recibieron fue el revivido fantasma de la lucha de clases.

4) Poder Judicial. Mientras estuvo la Dra. Sara Bossio en la Suprema Corte de Justicia, el panorama era inquietante. Su opinión -transformada en voto- considerando inconstitucional el IRPF a los pasivos, había generado un feroz enfrentamiento con el régimen. Acusaciones de todo tipo y amenazas llovieron contra el máximo órgano judicial que, por Constitución y por principios, es independiente y soberano. Con la nueva integración de la Corte las aguas se han calmado y seguirán así solo mientras las opiniones sean coincidentes. Pero, una preguntita, ¿qué hubiera pasado si Sara Bossio continuara en sus funciones o el Dr. Larrieux -que la sustituyó- pensara y actuara como ella?

5) Fiscalía de Corte. La independencia de criterio de su titular le ha costado caro a todo el Ministerio Público. Y el tema fue también el IRPF. La furia de Astori dio pie para que desde el Ministerio de Educación su subsecretario, Felipe Michelini, desplegara una batería de medidas de ahogo o avasallamiento funcional y económico contra la institución. El servicio quedó maltrecho y no hay visos de mejora inmediata.

6) Los ciudadanos. En estas circunstancias la forma de conducirse el gobierno en actitud de "régimen político" desvirtúa el modo de relacionamiento de una democracia representativa. Incide sobre la sociedad y en particular, sobre la vida de todos los ciudadanos. Y éstos, solos o rodeados de su familia o sus amigos, miran, oyen, leen y comentan lo que pasan. Tienen buena memoria. Recuerdan lo prometido y lo comparan con la realidad. Son independientes; piensan y deciden, aunque no trascienda. Escuchan otras ideas y manejan otros valores. Juzgan y sentencian. Ellos son, en definitiva los que, en el ejercicio de su soberanía, deciden el fin de los regímenes.

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