La corbata es lo de menos

ALEJANDRO NOGUEIRA

Con la agudeza que lo caracteriza -y elegancia- Luis Eduardo González, director de la consultora Cifra, puso en palabras lo que cualquiera ve y pocos se atreven a señalar sobre la "pinta" y las "vulnerabilidades" de José Mujica como presidenciable.

El propio líder del MPP coincidió con González y, socarronamente, le sugirió que se ganara la plata con comentarios más novedosos, como si el prestigioso analista pudiera ir más lejos en esta etapa del proceso preelectoral. Sin duda que debe haber muchas cosas más que seguramente piensa el politólogo pero no dice o bien porque no es el momento, o bien porque no es su rol.

Hoy un triunfo en primera vuelta del Frente Amplio está en franco entredicho, como lo está lo que pueda sobrevenir de un balotaje. Pero la campaña está en pañales, el foco está en las internas -en las elecciones internas y en las tormentosas internas del Frente Amplio- y la coalición ni tiene un candidato, ni programa, ni ha sacado a la calle su maquinaria política y estatal y los recursos que esto conlleva. Parece haber sobre este punto una cierta subestimación de la oposición.

La intención de voto que muestran las encuestas hoy es apenas un fotograma borroso y fuera de contexto de la cinta de toda la película. No incorpora datos políticos que serán relevantes en poco tiempo ni el escenario económico que puede sobrevenir del colapso bancario estadounidense.

Mujica no es solo un estilo malhablado y desprolijo a contraponer al atildado Astori. Ambos representan modelos de país bien diferentes que nada tienen que ver con haber abrevado en Harvard o en los barrios populares y que tienen raíces más profundas.

El líder del MPP piensa en un país cuya economía y sociedad puede manejarse desde el gobierno. No es el gallinero con el zorro dentro, como dijo en Buenos Aires encantando a un público acostumbrado al cholulaje y patéticamente feliz con ese estilo comunicacional. Es el paradigma de un estado abiertamente intervencionista disfrazado de regulador que se alimenta en antiguas quimeras de la izquierda ignorando el estrepitoso fracaso que han tenido en su aplicación práctica en diferentes momentos y lugares de América Latina. Es voluntarista, como lo fue la gesta política tupamara por más que hoy se apoye en el juego democrático; es militarista como fue la historia de esta organización, no en el sentido literal del término, pero sí filosófico. Y es mesiánica, hoy exactamente igual que ayer. La conformación de una cabeza voluntarista, militarista y mesiánica no cambia en unos pocos años. Esta es la impronta y el modus operandi. Y además es populista, como los son otros gobiernos latinoamericanos de una manera tan grave que solo el tiempo dejará en evidencia sus secuelas.

No es el problema que mañana Uruguay tenga un presidente desaliñado que resienta los gustos de una clase media remilgada o que dé mensajes vagos y contradictorios para llegar a donde sabe bien que quiere llegar. Es que con olfato popular y decir demagógico no se gobierna un país frágil portando un riñón militarista, voluntarista y mesiánico.

Además, para gobernar no alcanza un presidente carismático, hace falta además un equipo solvente que cuesta ver en el MPP y su entorno.

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