Gremios y votos

El gobierno querría cambiar de rumbo en su relacionamiento con los sindicatos. Esto no es fácil puesto que al mismo tiempo tiene que cuidar a los vástagos del Pit-Cnt, para tratar de que no se le vayan los votos que en las elecciones de 2004 le canalizaron sindicatos que se hallaban politizados fuertemente. Algo indebido, pero real al fin.

No podemos olvidar que es de exclusiva responsabilidad del "progresismo" el haber armado, ya antes de las elecciones de octubre de 2004, una alianza con sectores sindicalizados que creyeron que el mejor amparo lo recibirían si se verificaba un triunfo electoral de la izquierda. Luego de que ese triunfo se concretó, a partir de marzo de 2005 el gobierno recompensó aquel apoyo repartiendo profusión de cargos. Por ejemplo, fueron deslizados sindicalistas hacia puestos clave del Banco República, UTE, Administración Nacional de Puertos, Banco de Seguros, Ancap, Pluna, ministerios y organismos de enseñanza. Claro que en su momento el dirigente Juan Castillo dijo que eran meros ofrecimientos a título personal.

Paralelamente, el gobierno del presidente Vázquez abrió las puertas a medidas impropias, rechazadas hasta por la OIT, como fueron las ocupaciones de locales industriales. Vázquez dictó un decreto memorable, que no permitió más el desalojo de los ocupantes mediante el uso de la fuerza pública, con el inmediato resultado de que se desató un festival de ocupaciones.

Iba pasando el tiempo. Entonces, el "progresismo" gobernante advirtió que las cosas iban hacia el despeñadero y quiso dar un golpe de timón. Por ejemplo, decidió permitir solo las ocupaciones de locales privados y no las de edificios públicos. Claro que concomitantemente fueron aumentando las rispideces entre gobierno y sindicatos.

Ahora el país es azotado por una ola de conflictos, aunque se anuncia que empresarios, trabajadores y gobierno quieren avanzar hacia acuerdos en los consejos de salarios.

Veremos si el sindicalismo y la coalición gobernante pueden restañar sus heridas y eventualmente reconstruir y luego apuntalar, para las próximas elecciones, el andamiaje del contubernio electoral de 2004.

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