De tanto en tanto, el comunismo vernáculo muestra su verdadero rostro. Es especialista, como todo el mundo sabe, en ocultar sus intenciones, en disfrazarlas como una retórica críptica y en adoptar una terminología propia de la supuesta burguesía decadente a la que combate y envidia a la vez. Engaña con su pacifismo, con su canto de sirenas en procura de una sociedad igualitaria, justa e incorruptible y con su oda al hombre "nuevo" que jamás pudo crear. Engaña a sus acólitos y a quienes no conocen los métodos que emplea con alusiones a la democracia y a los derechos humanos.
Viene al caso recordar las palabras del ex primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, al polemizar con una periodista de "L`Unitá" porque les quita la careta a estos profesionales de la hipocresía política: "No lograré convencer a quien durante toda la vida estuvo en la parte equivocada de la historia, cómplice, al menos moralmente, de la ideología más criminal e inhumana de la historia, que ha difundido terror, miseria y muerte".
Quizá el dirigente peninsular, en aras de la cortesía caballeresca, haya sido formalmente indulgente con su oponente circunstancial. Pero sólo hay que saber interpretar sus palabras para tomar contacto con la contundencia de sus argumentos. Cuando dice "no lograré convencer..." hace referencia al fanatismo de los comunistas que, imbuidos de un dogmatismo cuasi religioso, se niegan a atender los datos irrefutables de la realidad. Por otro lado, al calificar la suya como un pasado reciente (y algún otro actual, como Cuba) que, a través de la ex URSS y sus satélites europeos, la China de Mao, los países del sudeste asiático, Norcorea y los aventureros marxistas de África, aportan a las estadísticas del terror y de la miseria, no menos de cien millones de muertos por ejecuciones, torturas, trabajos forzados, hambrunas, etc. Nada de esto es ignorado por el PC uruguayo. ¿Dónde estaban (o están) sus dirigentes cuando ocurrían las purgas de Stalin y sus masacres demenciales, o las matanzas de Mao o el genocidio de Pol Pot o las sangrientas represiones de Fidel Castro? ¿O cuando Stalin pactaba con Hitler para repartirse Polonia, o la URSS invadía Hungría y Checoslovaquia? Los comunistas de hoy, ¿no se han enterado de la trayectoria letal de sus "compañeros" de causa? ¿Qué dicen de la tiranía vitalicia y hereditaria de Fidel, al cual veneran? ¿No se han convencido, aún, de que todos los regímenes marxistas -a los que han aplaudido y silenciado sus horrores- han fracasado rotundamente?
Estos adoradores de tantos falsos dioses declaran, en su V Congreso Extraordinario, que su propósito es "avanzar en democracia hacia una democracia avanzada, en tránsito al socialismo".
También declaran en dicho Congreso que "la eventual alternancia en el gobierno con los partidos blanquicolorado (sic) sería un retroceso de magnitud nacional e internacional que comprendemos claramente y que no admitimos". ¡Increíble amenaza!
Los comunistas no admiten (¡!) que haya alternancia en el gobierno con partidos que identifican con la oligarquía y el imperialismo. ¿Nos encaminamos hacia el Partido Único? A confesión de parte, relevo de prueba.
La alternancia en el gobierno -esencial para definir qué es una democracia- es inadmisible para los comunistas. Siguen la ruta de Stalin, Mao, Fidel y de tantos secuaces, admiradores y huérfanos de apoyo popular.
Ellos, por definición, poseen la verdad absoluta. Todos los que se les oponen están obnubilados por el error. De ahí a considerar que son enemigos y que hay que eliminarlos, hay un pequeño paso. Y ese paso ha sido dado, invariablemente, en todos los países donde rigió el sistema marxista. ¿O no?
No hay que hacerse ilusiones al respecto: si los comunistas y sus hermanos de ruta llegan al poder, la democracia uruguaya habrá desaparecido. El V Congreso Extraordinario del PCU muestra el método a seguir para alcanzar la meta propuesta en el siglo XIX, lograda en muchos casos en el XX -antes de fracasar categóricamente- y casi extinguida en el siglo XXI: "... Fortalecer los comités de base y las coordinadoras, jerarquizándolos con participación de masas"... para enfrentar "las más variadas contingencias de la lucha de clases". Obvio es señalar que después -previo tránsito por la pérdida de las libertades, la miseria económica y moral, la corrupción y la privilegiada burocracia partidaria- vendrá el colapso general.
No es lo que queremos para nuestro país.