Los israelíes celebraron el lunes el Año Nuevo judío con cenas familiares y el aviso de su presidente, Ehud Olmert, de que Israel debería renunciar a casi todos los territorios que obtuvo en la guerra de 1967 a cambio de la paz con los palestinos y Siria.
Olmert y el líder palestino Mahmud Abbas se desearon felices fiestas. El Año Nuevo judío, o Rosh Hashana, coincide este año con el Eid el-Fitr, uno de los días sagrados del calendario musulmán. Ambos líderes, que se han reunido de forma regular durante los últimos meses, acordaron reunirse próximamente, dijeron las autoridades.
Aún así, meses de conversaciones entre ambos bandos no han producido resultados tangibles y muchos israelíes y palestinos son escépticos sobre un futuro de paz.
Para muchos, el año que terminó el lunes fue decepcionante en otros aspectos. Varios líderes, incluido Olmert y el ex presidente Moshe Katsav, se vieron forzados a dimitir por escándalos.
"Desde el punto de vista público israelí, este año que termina hoy debería ser eliminado de la memoria colectiva", escribió el columnista Eitan Haber en el diario Yediot Ahronot.
"Estamos divididos, somos escépticos, incrédulos y nos enfrentamos a la mayor crisis de liderazgo que jamás hemos visto", añadió Yair Lapid, que también escribe para Yediot.
El año nuevo, que empieza con la puesta de Sol, anima a 10 días de reflexión que culminan con el Yom Kipur. Rosh Hashana es, en cambio, un periodo de comidas y celebraciones que incluyen una manzana cubierta de miel para simbolizar un dulce Año Nuevo.
La Oficina Central de Estadísticas israelí anunció para la ocasión que 7,34 millones de personas viven en Israel, incluidos 5,54 millones de judíos, o un 75% de la población. Conviven con 1,48 millones de árabes, un 20%, y 315.000 miembros de otros grupos.
Las autoridades israelíes cerraron la frontera con Cisjordania el miércoles, prohibiendo a los palestinos entrar en Israel. El cierre suele producirse durante las fiestas judías para prevenir ataques de milicianos palestinos.
AP