Los cohetes explotaron la noche antes

JORGE SAVIA | DE CONTRAGOLPE

Serás eterno como el tiempo y florecerás en cada primavera. La primera parte de la frase con la que Peñarol identifica su existencia sigue en pie y, seguramente, jamás perderá su vigencia gloriosa. La segunda, en cambio, desde que su esencia es la de una entidad dedicada al fútbol, en esta primavera de 2008 en la que se disputa el Torneo Apertura, es prácticamente imposible que se cumpla.

Está bien. Ayer, ante un Defensor "ambiguo" en su alineación titular, no en su identidad, que respetó al máximo, porque cuando fue desbordado por el empuje aurinegro "cortó" inteligentemente el trámite con todas las faltas que pudo, Peñarol hizo cuanto a su alcance, incluso hasta llegar a la temeridad -sino justificable, al menos entendible- de jugar los últimos 34` sin un volante de marca, a los efectos de hacerlo con 3 puntas; pero lo cierto es que no logró lo que ayer precisaba sí o sí: la victoria.

Obvio, el rival era este Defensor que, al menos en el fútbol local, le va a seguir "haciendo roncha" a todos. Sin embargo, lo real es que a la hora de las definiciones, este cuadro enciende la mecha, porque ayer generó varias situaciones de gol, pero la resultante -que es lo que importa- fue que todo terminó en fuegos artificiales; en "mucho ruido y pocas nueces", absolutamente menos explosivo que la fenomenal cohetería con la cual en la medianoche anterior la hinchada -impulsada por el "boca a boca"- saludó la llegada de un nuevo aniversario, en una expresión popular que, por su originalidad, Peñarol debería guardar y reconocer en algún lugar de su rica historia.

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