Como la hidra

El mundo sigue sumido en la era del terrorismo. Se sospecha que fue un camionero suicida integrante de una célula de la temible red de Al Qaeda, quien cometió el atentado contra el hotel Marriott de Islamabad, donde murieron 60 personas y hubo cientos de heridos. Casi al mismo tiempo, se registró el tercer atentado atribuido a ETA en 24 horas, con el resultado de un muerto y un herido. Ese fue el saldo del estallido de un coche bomba frente a una academia militar española. En tercer lugar, el secuestro de varios turistas en Egipto hace temer que esta acción tenga raíces terroristas y que no se trate de un mero ataque de delincuentes comunes. Por último, es posible que la ex rehén de las FARC, Ingrid Betancourt, se encuentre amenazada por esta organización, ya que ella acaba de anunciar que no tiene "ninguna intención" de hacer política en su país y cuando se le preguntó si había recibido amenazas señaló que "por problemas de seguridad" (que no detalló), no tenía previsto regresar a Colombia en el corto plazo y que "desgraciadamente" estaba viviendo una "situación complicada".

Hace apenas tres años, la decisión del IRA (Ejército Republicano Irlandés) en el sentido de ordenar a sus seguidores el cese de la "campaña armada" (léase: actos terroristas), ponía fin en Irlanda a 36 años de violencia. Ello condujo a pensar que esta actitud podría ser emulada por otros ya que, por ejemplo, la organización separatista vasca Batasuna, brazo político de ETA, dijo valorar muy positivamente la actitud del IRA.

Nada de eso implicaba olvidar los crímenes cometidos, pero se avizoraba una esperanza de tolerancia entre las partes en pugna. Algo que sugería la posibilidad de cerrar las heridas abiertas en el curso de un proceso violento, cruel, despiadado. Pero eso fue en 2005 y ahora, tres años después, se siente que es otro el panorama. Se siente que vuelve el accionar de organizaciones terroristas, incluyendo la más grande que existe en la actualidad: Al Qaeda.

Es el drama de hoy. Un drama en el que el terrorismo evoca la hidra, aquel monstruo de la mitología griega cuyas siete cabezas se reproducían a medida que cada una de ellas era cortada.

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