Tacita del Plata

Desde hace algún tiempo, entre los "Se dice" de esta página figuran algunos que invitan a meditar sobre la falta de limpieza de Montevideo.

La idea que los preside es la de preguntar cómo harán para mantener limpias otras ciudades uruguayas o extranjeras. ¿Por qué, sí se puede en Budapest, Minas, La Coruña o Rivera, y por qué no se puede en Montevideo? Esa es la gran interrogante. Para contestarla conviene empezar remontándose al pasado para saber si esta fue siempre la ciudad desaseada que hoy conocemos o si ostentó alguna vez las virtudes que le valieron el título de "tacita del Plata" con que la honraron poetas y cantores.

Un vistazo a la serie de mil fotografías que publica El País en su 90º aniversario demuestra que la pulcritud distinguió a Montevideo a lo largo de muchas décadas. Es difícil ver en ellas los montones de basura y desperdicios de toda índole que hoy acechan ya no en zonas marginales de la ciudad sino en sus principales avenidas, calles y plazas. Es verdad que entonces la capital uruguaya era más pequeña y que sus pobladores producían menores cantidades de basura, pero también es cierto que los servicios de recolección eran más primitivos, al menos en teoría. Tampoco pululaban en esa época los 9.000 hurgadores que, según suponen las autoridades municipales, cooperan hoy con la Dirección de Limpieza, suposición más que discutible, por cierto. Además, en el siglo pasado, Montevideo carecía del sistema de contenedores hoy instalado para racionalizar y facilitar la tarea de los basureros.

A pesar de tales innovaciones, la ciudad no mejoró en materia de higiene sino que, por el contrario, luce cada día menos presentable. En ese rubro, el fracaso de la izquierda es tan rotundo que los montevideanos, doblegados por tanta desidia, ignoran las solicitudes de colaboración de las autoridades. Un ejemplo es el fallido intento de separar ciertos tipos de basura en las bolsas de color naranja distribuidas por los supermercados. La gente ignoró masivamente ese pedido a sabiendas de que no serviría de nada. Frente a ese rechazo colectivo, la actual actitud de resignación de las autoridades municipales es todo un símbolo de su fracaso.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar