El estudio de la historia reciente -que tanta alarma y controversia provocara cuando se lo incluyó en los programas de los últimos años de Secundaria- llega a la escuela, como tituló El País. Lo inconcebible es que ahora, son los niños de 6° de Primaria, a partir de marzo 09, las víctimas de este nuevo engendro seudopedagógico.
Obviamente, se hace a un lado una característica permanente de la educación primaria, acorde a la edad de los alumnos: ya no se le orientará hacia el pasado para quererlo, para identificarse con él y para continuar con una tradición que surge de sus entrañas. Ahora habrá que "estudiarlo".
Es que estos educadores de la nueva ola acusan a nuestra educación primaria de justificar un modelo pasivo, un hombre sumiso y acrítico, un modelo que impulsaba a "convivir con la injusticia, sin reclamar".
Estos comentarios de un presentador de la reforma que se implanta -más propios del panfleto partidario que de un educador- revelan la clara intención de arrojar la laicidad al canasto de lo desechable. Nadie ignora que la enseñanza de la historia tiene una gravitación especialísima en el quehacer político y en la posición a adoptar frente a problemas sociales, económicos y culturales. Es el lugar ideal para sembrar lo que se quiera. Todo dependerá de la condición ética del docente. Ningún programa es aséptico en sí mismo. Según se lo maneje, será o no instrumento de una acción proselitista, de una vulneración del derecho a un libre desarrollo de la mentalidad del alumno.
La historia no es cosa de niños. Siempre habrá que reescribirla porque somos prisioneros de nuestro tiempo y de nuestra experiencia. Si algún significado permanente evidencia es, como apuntó Benedetto Croce, que hay que considerarla como una hazaña de la libertad. De ahí que provoque íntimo rechazo la posibilidad de que educadores que representan, no el sentir nacional, sino el de una fracción política transitoriamente gobernante, imponga un contenido programático tendencioso en una franja etaria tan temprana. Son tan sesgados y desnorteados los temas que pretende analizar, como muy importantes son las omisiones temáticas en las que incurre.
Veamos algunas de esas omisiones que inducen a creer que estamos en presencia de un propósito de lavar el cerebro de estos menores que, seis años más tarde, estarán habilitados para votar.
Considerado desde el ángulo de la historia reciente de nuestro país, la omisión más notoria es la de no referir explícitamente nada, en torno al período sedicioso. Para los autores del programa, los tupamaros y afines no existieron. Según estos, hubo una "Crisis política" y, a continuación "el golpe de Estado de 1973". El alumno egresará sin saber que algunos ministros y legisladores actuales participaron en secuestros, asesinatos, copamientos, robos, etc. Sabrá, posiblemente, -ya que estudiará el punto "Represión y violación de los derechos humanos"- quién fue la maestra Elena Quinteros, aunque ignorará, por ejemplo, quién fue el peón Pascasio Baez...
Otra sospechosa omisión: "Modelos totalitarios en Europa: nazismo y fascismo". De acuerdo, pero el comunismo, ¿no fue totalitario?
Una más: esperemos que los maestros, cuando enseñen sobre los genocidios hablen de los judíos, gitanos, polacos, etc., exterminados por Hitler, pero, también, recuerden que 100 millones de personas fueron sacrificadas por Mao, Stalin, Phol Pot y otros dirigentes marxistas-leninistas. No es un dato irrelevante. Otra omisión: el tema "La interrelación de las dictaduras en América Latina", hecho cierto, debe ser complementado con el de la interrelación de los regímenes comunistas y afines, que precedió a la anterior, es decir, debe mencionarse a las Olas, la Tricontinental, el Foro de San Pablo... ¿Se dirá quién financió, entrenó y armó a las guerrillas marxistas de todo el continente, incluido Uruguay, según confesó Fidel Castro?
¿Se dirá, igualmente, cuánto dinero recibió el Partido Comunista- y, a su través, los sindicatos que dominaba- de parte de su mentor soviético?
Esta historia para uso escolar, en resumen, es una historia oficial con la que el partido gobernante intenta captar voluntades inmaduras por definición. Al gobierno no le interesa el estudio de la historia sino la historia sesgada en su favor. Nunca más oportuno, entonces, que aplicarle la frase que Quevedo le dedicó a su rey Felipe IV: "Grande sois Felipe... a manera de pozo".