MIGUEL CARBAJAL
Este es un país pródigo en pintores, se ha dicho siempre. Y en escultores, sobre todo en escultores. No se notan demasiado porque el ornato público, la gran vidriera de exhibición, quedó colmado el día que Belloni y Zorrilla de San Martín ocuparon los mejores espacios. ¿Una forma de abuso? Una mezcla de decisión política con manipulación social.
¿Están Belloni y Zorrilla ubicados por encima de sus verdaderas expectativas? Hicieron la obra adecuada y supieron actuar justo en el momento del gran desarrollo urbano. Octavio Podestá recuerda todavía hoy que, cada vez que de chico se enfrentaba al Obelisco le parecía que lo transportaban a París. Nadie como José Luis Zorrilla le concedió a Montevideo ese aire sofisticado de ciudad europea. Nadie como Belloni la encadenó al atavismo de su pasado. Entre los dos cubrieron tanto lugar que no quedó mucho margen para el resto. Quedó, pero las autoridades se dedicaron a menesteres menos artísticos.
Ahí está el engendro que flanquea el edificio del Banco Central, nunca pensado como reducto escultórico pese a que está cantado para eso. Belloni y Zorrilla en la retaguardia, aunque hay varios nombres incluso antes de llegar al Artigas de Zanelli. Pero la escultura moderna empieza un poco después. Podestá insiste en señalar a Bernabé Michelena un poco como el abuelo del crecimiento contemporáneo. Germán Cabrera y María Freire, durante décadas considerada como una pintura geométrica, están en la base de la modernidad.
Y cuando el color aparece y la escultura toma hálito, hay que considerar a Octavio Podestá. Y en la lista de precursores se ha omitido la referencia de Yepes.
¿Y qué se puede decir de la escultura cósmica de Joaquín Torres García que es considerada la diadema del Jardín del Museo Nacional de Artes Visuales?
Alguien que sabe mirar bien las cosas dice que lo de Torres son bajorrelieves y grafismos que rondan el concepto de espacio sin meterse dentro de él. Hay que esperar a Fonseca (que tampoco se filtra tanto en el espacio) para llegar a la escultura constructiva. Y en el conteo quedó por el camino sin incluir el legado de Nerses Ounanian.
Y se llega prácticamente al patrimonio actual donde no debe quedar de lado la obra de Juan Martín cuando no se excede de tamaño. Y a la larga lista de clásicos que embellecen (no siempre) las plazas y parques urbanos.
No menudean los atropellos en el país hasta que inventan las mesas de luz de Avenida de las Américas y todas esas mini esculturas de las que no escapó siquiera Serrano. Un paseo por el Parque de los Aliados permitirá enfrentarse a varios adefesios. Y a otra cosa.
Ya están Pascale y Atchugarry y los jóvenes pidiendo aire. Pablo Damiani, José María Pelayo y Federico Arnaud encabezan los reclamos.