En Uruguay conviven varias concepciones contradictorias del ocio: "como enriquecimiento de la vida personal, como regeneración de la fuerza de trabajo, como vicio, vinculado a la fiesta y al juego, a la ostentación aristocrática, y muchas otras", dijo Ricardo Lema.
Esas valorizaciones tienen una raíz histórica. "Para los romanos el ocio se oponía al negocio. Porque una vida plena implicaba un buen complemento de la actividad comercial y política con la actividad de esparcimiento". En la concepción griega, la balanza se inclina hacia el tiempo libre. "Para Aristóteles, el sentido último de la vida tenía que ver con una vida entregada al ocio, en un sentido que tenía más que ver con el enriquecimiento personal y los saberes no utilitarios", explicó.
En el inicio de la modernidad, "se invierte la relación y el ocio pasa a ser ociosidad y vicio, con el surgimiento de una ética protestante fundada en el trabajo". Es entonces que Calvino acuña la frase que señala al ocio como madre de todos los vicios. "En Latinoamérica heredamos más ese concepto de tiempo libre anglosajón y no tanto el énfasis más europeo del ocio", afirmó.
La valoración del tiempo libre se retoma ligada al consumo de bienes, "cuando la sociedad industrial se da cuenta de que para mantener el ritmo de producción ascendente no necesita tanto mano de obra como consumidores".
"Hoy el ocio es el principal ámbito donde la sociedad se presenta. Los estilos de vida y las identidades se generan en los ámbitos de ocio, ya no en los de trabajo. Ya no importa aquello de m`ijo el dotor`, sino cómo te vestís, a qué lugares vas, cómo te presentás en tu tiempo libre", señaló.