LAUREANO BUTTENBENDER
Uruguay se encuentra consolidando el crecimiento de su sector forestal, para lo que la cooperación pública y privada, resulta clave, aseguró el Gerente de Normativas y Fiscalización de la Corporación Nacional Forestal de Chile, Fernando Olave.
El especialista fue el principal expositor ayer en la segunda conferencia del quinto ciclo sobre "Políticas de Estado. El agro en los tiempos que vienen", que es organizado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), la consultora Seragro y El País, y que en esta edición se hace bajo el rótulo "Modelo para armar".
El conferencista aseguró que el desarrollo forestal en Uruguay se encuentra en un momento "muy expectante ya que la primera etapa es muy difícil, luego viene una etapa de desarrollo rápido y de ahí para adelante consolidarse y seguir creciendo no es fácil, y Uruguay se encuentra en esta etapa".
Según Olave, en este punto es fundamental fortalecer la cooperación pública privada, partiendo de una visión de país para la captura de mercados, mejora de imagen y de producto, de redistribución de ingresos y de responsabilidad social. Agregó en ese sentido, que los nichos de mercado a los que está orientado Uruguay son los correctos.
Decisiones. En cuanto a la orientación de la producción forestal hacia la celulosa o hacia otra forma industrial con mayor valor agregado, Olave dijo que Chile pasó por la misma discusión y hoy el fuerte de su producción está en la celulosa y en la madera aserrada para tableros. Sin embargo, dijo que el sector trasandino tiene claro que hay que diversificarse porque si no es así, la industria queda muy expuesta.
En Chile hay una canasta de 500 productos que se exportan a un centenar de mercados y con la reciente aprobación de una ley de incentivo al sector privado para el mantenimiento de los bosques nativos se espera aumentar la cantidad de productos exportables como forma de disminuir los riesgos.
En cuanto a la visión que se tiene desde la producción agrícola ganadera de la forestación como una amenaza, Olave dijo que en algunos casos se debe usar la conjunción "y" y en otras "o", como forma de señalar que en ciertas condiciones ambos sectores pueden trabajar juntos y en otras no, ya que hay lugares donde las incompatibilidades son más evidentes o que la ganadería tiene ventajas competitivas sobre el resto. "Este es un tema que se debe resolver como país, porque si se deja a la decisión individual, esto puede generar problemas en lo global", dijo el especialista trasandino.
El caso Chile. En cuanto a la experiencia chilena y la actual incidencia del sector en su economía, Olave dijo que de las 75.663.449 hectáreas de área total del país, la forestación ocupa 15.637.232, es decir el 20,7% del total, mientras que los terrenos agrícolas, por ejemplo, ocupan el 5% del área.
El peso de la industria forestal en la economía chilena es de tal magnitud, que no hay decisión dentro de ese ámbito que se tome sin tener en cuenta al sector, aseguró el expositor.
En ese sentido, dijo que el producto que sale de los bosques aporta el 3,3% del PIB nacional, exportando US$ 4.952 millones en el último año, lo que equivale a cerca del 7% del total de las exportaciones del país. El 83% de los productos forestales que exporta Chile son de alto valor agregado, a la vez que genera 133.000 empleos sectoriales directos y una cifra similar de empleos indirectos.
A nivel mundial, hay expectativa por lo que pueda ocurrir con los precios de transporte y precios, pero la demanda de productos maderables es muy fuerte, y esta es una excelente oportunidad para los bosques plantados, que son los que muestran la mayor eficiencia.