Gustavo Penadés
Este mes se cumplen 140 años de la creación del Ateneo de Montevideo.
Es importante situarnos en 1868, cuando da inicio un proceso que conducirá, desde la creación del Club Universitario a la constitución del Ateneo. Fue aquel un tiempo en el que superados las etapas de confrontaciones regionales, nuestro país se afianzaba como Estado soberano. Son aquellos años, entre finales de la década de 1860 y comienzos de la de 1870, en los que Uruguay entra en la Modernidad; fenómeno que registra diversas fechas de incidencia en diferentes partes del mundo.
El Ateneo de Montevideo aparece asociado a esta tendencia, en cuanto se erige desde el principio en un centro del pensamiento y difusión de ideas. De ahí, que congregara a las mayores expresiones del pensamiento filosófico y científico del país y fuera sede de intensas confrontaciones de ideas, siempre bajo el signo de la tolerancia y de la libertad de expresión. En aquella etapa fermental para nuestro Uruguay, le cupo al Ateneo desempeñar un papel de especial relevancia.
Importa recordar que el Ateneo de Montevideo ofició como Universidad libre, en la que funcionaron Estudios Preparatorios y una Facultad de Derecho.
Libre del sistema oficial del Estado, libre de los cambios políticos y del dogmatismo religioso que imperaba en nuestra sociedad. Corresponde destacar que, en tiempos de efervescencia y fuertes disputas filosóficas y religiosas; de agrias y profundas polémicas que tuvieron por protagonistas, no solamente a instituciones como el Ateneo y el Club Católico, sino también a la prensa y a otras instituciones, el Ateneo mantuvo siempre abiertas sus puertas a las diferentes visiones y corrientes de pensamiento.
Las sucesivas generaciones de socios y directivos de la institución hablan por sí solas de la misma: José Batlle y Ordóñez, Martín C. Martínez, Emilio Frugoni, Eduardo Acevedo Díaz, Luis Batlle Berres, Eduardo J. Couture, Clemente Estable, José Pedro Varela, Emilio Zum Felde, José E. Rodó, Elías Regules, Justino Jiménez de Aréchaga, Carlos Vaz Ferreira, Juan Carlos Blanco, Pedro Figari, María Eugenia Vaz Ferreira, Paulina Luisi, Laura Cortinas, Alicia Goyena, Luisa Luisi, Clotilde Luisa, por citar nada más que algunos de los más destacados.
El Ateneo ha sabido ir adaptándose a los tiempos sin renunciar a los principios que le dieran nacimiento: su compromiso con la tolerancia y la libertad de pensamiento.
Hombres y mujeres de distintas generaciones han mantenido encendida la antorcha de la libertad y se proyectan hacia el futuro estrechando lazos con otros seres humanos y otras instituciones de diferentes mundos culturales, para juntos transitar en armonía el camino de la cultura y del conocimiento. Siguen respondiendo de esa manera a su idea original, aunque las circunstancias que caracterizan los albores del siglo XXI, el vértigo de los cambios y la diversidad cultural, nos presenten aspectos y circunstancias bien diferentes a los de las últimas décadas del siglo XIX.
Creemos que es un deber de justicia reconocer la trascendencia de la labor cumplida por el Ateneo de Montevideo en la vida nacional, a la vez que nos atrevemos a exhortar a que la misma no decaiga y continúe siendo consecuente con el espíritu que animara su gestación.