Una burrada

Rodolfo Sienra Roosen

Mientras se piensa con el atraso habitual en un proyecto que insumirá años, lavarle el cerebro a miles para convencerlos de su necesidad y recursos que habrá que conseguir para instalar un reactor que produzca energía nuclear -Argentina ya produce uranio natural y Brasil enriquecido- aquí cerramos un año generoso en lluvias. Se terminan las restricciones, tendremos energía hidráulica por un buen tiempo, pero en octubre, nos vuelven a adelantar la hora hasta marzo.

Nunca nadie explicó cuál es el ahorro que se consigue con esto. Nunca se le informó a la gente el gasto que se economiza frente al que generan los acondicionadores de aire. A una mayoría de uruguayos les cae mal esta medida y no protestan porque somos mansos, pero técnicos argentinos especialistas en la materia le advirtieron a Cristina Kirchner que acortar la luz de las mañanas, de las madrugadas frescas de primavera y verano que es cuando es más agradable el tiempo para disfrutarlo y alargar la luz en la tarde, que es cuando calcina el sol, es "una burrada, hacer las cosas al revés". Así se consigue compartir los desayunos de noche y las cenas en la tarde.

En el mundo se sabe que esto no sirve para nada. Se aplica en Europa por exigencias de la Comunidad, en donde por razones comerciales, bancarias y turísticas tiene que haber una hora común.

Pero no son lo mismo los efectos de su aplicación en los países escandinavos que en el Sur de España, por ejemplo.

Aquí, en una región en donde cada uno tira para su lado y no hay conciencia comunitaria, en los países grandes como Argentina -en donde sus provincias del Oeste protestan y difícilmente acepten el cambio- o Brasil, la medida crea serias complicaciones.

Tiempo atrás "Ecos" hizo un relevamiento de opinión y un rotundo 75% de encuestados se manifestó en contra del cambio.

En ciudades argentinas como Corrientes, próxima al litoral uruguayo, la prensa informaba el 26 de agosto de este año que el adelanto de hora nunca le dio beneficio alguno al comercio.

La gente no sale de mañana cuando no hay luz y tampoco a última hora de la tarde porque como tiene que levantarse temprano, debe apurarse a comer para irse a dormir.

Hay estudios científicos serios sobre la afectación del adelanto de hora en los estados de ánimo, que provoca un aumento de accidentes de tránsito porque acorta las horas de sueño, que no es bueno despertarse y no ver la luz, que tenemos un reloj biológico que nos regula.

Las actividades rurales no se alteran porque se trabaja con la hora natural, pero crea problemas en cambio a la actividad administrativa en ciudades y pueblos del interior.

Hay batallas difíciles de dar y esta es una, porque quienes resistimos este acto de consecuencias naturales, estamos dispersos, no nos juntamos, no nos hacemos oír.

Pero sabemos quienes somos, nos vamos contactando, y un gobierno que legisla y toma medidas no atendiendo a los intereses del país sino a la simpatía que recoge en el electorado debería, por lo menos, saber que existe una fuerte resistencia a lo que inventó el ex Ministro Lepra, hoy radicado en París, disfrutando de los macanazos a que induce la burocracia técnica de UTE para disimular sus ineficiencias.

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