RUBEN LOZA AGUERREBERE
Bohumil Hrabal, oriundo de la patria de Kafka, no tuvo una vida fácil. Perteneció a la generación de víctimas del fascismo y del stalinismo. Su caso fue el del escritor obligado a desenvolverse en un mundo hostil, cuya obra acabó imponiéndose por el propio peso de su valor.
El fin del llamado "socialismo con rostro humano" (también conocido como "la primavera de Praga") con la entrada de los tanques soviéticos, impuso un nuevo silencio a los intelectuales que aspiraban a la libertad. Milan Kundera, por ejemplo, en situación parecida finalmente optó por marcharse a París; le convencieron y ayudaron sus amigos Carlos Fuentes y García Márquez. Las primeras noticias sobre Bohumil Hrabal acaso podamos situarlas cuando se difundió el film "Trenes rigurosamente vigilados", basado en una novela suya, del mismo título. Sus libros, en cambio, tardaron mucho más en divulgarse y circular.
Ahora ha retornado esta novela, "Trenes rigurosamente vigilados" (Océano), en cuyas páginas el checo expone una vez más su rabelesiano estilo, pleno de humor y poesía.
Nacido en Brno, capital de Moravia, en 1914, Bohumil Hrabal pasó su infancia en Nymburg, pequeña ciudad de Bohemia. Hacia 1933 se instaló en Praga con el propósito de estudiar Derecho. Coincidió con la entrada de las tropas alemanas en la capital checa. A partir de entonces conoció penurias una y otra vez. Si bien se doctoró en Derecho, no tuvo más remedio que desempeñarse en otras tareas; fue ferroviario, vendedor de almacén y figurinista teatral.
Las raíces más evidentes de la obra de Hrabal se hallan en el humorismo crítico que gestó la pluma inmisericorde de Jaroslav Hasek, el autor de "Las aventuras del valeroso soldado Svek". Sus personajes son pequeños antihéroes, empujados por la dinámica de los acontecimientos que le salen al paso, y, entre lo grotesco y lo trágico, sus experiencias se parecen a pesadillas, con los estrafalarios elementos de éstas.
Los personajes de Hrabal (lo vemos en sus libros) saben que no son ellos los arquitectos de su destino. Es el mundo que les ha tocado vivir, quien rige sus pasos y los configura. Su verdadera grandeza consiste en resistir; en luchar para no ser destruídos, y sobrevivir a cualquier precio.
El personaje del pícaro está siempre presente en las obras de Hrabal, y éste se diferencia de su antecesor español por un rasgo esencial: no es un rebelde. Respetuoso del orden establecido, aspira a mejorar su vida haciendo frente a los cambios que el destino le impone.
La novela "Trenes rigurosamente vigilados" abunda en expresiones de vitalismo a propósito de la resistencia ante el invasor alemán. Sus personajes tocan problemas morales y de mera supervivencia; y en su humanismo teñido de ternura y humor, se percibe lo amargo y lo absurdo.
Milan Kundera ha escrito: "Hrabal es una de las encarnaciones más auténticas de la Praga mágica; es la increíble unión del amor plebeyo y la imaginación barroca".
Bohumil Hrabal murió a los 82 años de edad, hace once años, al caer accidentalmente, en un hospital, cuando intentaba dar de comer a unas palomas. Había dicho, alguna vez: "Quisiera alcanzar el cielo para, una vez allí, poder decir algo de mí mismo". Vive en sus libros, portadores del fuego sagrado de la libertad: vivir cada cual a su manera.