ALEJANDRO NOGUEIRA
Podrá decirse que Tabaré Vázquez ya manifestó más de una vez que no quiere la reelección y que se dedicará a la medicina. También que promueve una y otra vez (sin gran éxito) la candidatura de Danilo Astori. Pero el movimiento reeleccionista sigue tan pujante y campante, integrado por personas muy allegadas al mandatario. ¿Por qué, entonces, no manda parar?
Hoy Vázquez baja del avión que lo trae de Corea del Sur a enfrentarse con una ciudad con muros y pasacalles que proclaman su reelección. Acaba de dar, nuevamente, su espaldarazo a Astori. Le encanta hacer política interna desde el extranjero.
El presidente sabe que su ministro no la tiene fácil, pero se empeña hasta el final a cumplir o hacer que cumple su compromiso de que Astori sea quien lo suceda. Nobleza obliga, este supo darle al gobierno de Vázquez una impronta de respetabilidad económica que nadie, cuando era claro que el Frente ganaba, podía darle como él. El ministro cumplió su parte a rajatabla y en los últimos tramos suelta la bolsa en el marco de riesgos asumidos. Con dinero y una buena campaña el Frente tiene mucho para remontar antes de octubre de 2009.
Vázquez es incombustible. Muestras ha dado. Astori es resistido por la mayor parte del aparato frentista que tiende a confundir ideologías y banderas con la realidad. Mujica juega al truco con el dos de la muestra. El drama está cerca de su desenlace y toca jugar. El presidente no pude demorar la última de-sautorización a la reelección si no quiere ser sospechado de bluff. Mujica tiene que aumentar la apuesta o irse al mazo, porque arriesga elevar la tensión más allá de lo conveniente y empezar a aburrir. Astori tiene que desembarazarse del ministerio y demostrar que es un hombre de izquierda pero digestiva. Este debiera ser el orden de las jugadas.
Los debates en la izquierda terminarán cuando las encuestas muestren, sin lugar a dudas, que Mujica presidente no funciona, no gana. O cuando Astori asuma que las bases y la militancia no lo quieren ni de ganador. O cuando Vázquez abandone la ambigüedad en la que aún permanece y diga `no` con las dos manos, no con una, mientras no vemos lo que hace la otra.
Como esto es política y el mundo está tan raro, puede ocurrir que Uruguay se argentinice y Mujica siga creciendo. O que Astori bese niños, deje el power point, y sea finalmente aceptado como el mal menor por la izquierda militante. O que el presidente admita que igual puede ejercer la medicina -como la ejerce-, e ir a los congresos -como va-, y ocuparse de sus asuntos, como se ocupa, siguiendo otros cinco años. Y que tiene las mejores cartas para repetir.
Como viene el asunto, esto no puede demorar en dilucidarse y esta tríada frenteamplista terminará diciendo lo que quiere. El Frente Amplio ya llegó al gobierno, probó sus hieles y sus mieles, y debe demostrar que no es una fuerza de improvisados, de líderes caprichosos.
Además, esta tríada está en los, más-menos, 70 años y este es un país en el que los liderazgos políticos dependen fundamentalmente de la biología.