Esferas de poder

La situación en Georgia ha pasado de una crisis local a un enfrentamiento político mucho más amplio que, si no es manejado con sensatez, puede tener consecuencias a escala global.

En los recientes acontecimientos confluyen las reivindicaciones independentistas de minorías étnicas, la rivalidad por el control de los yacimientos petrolíferos y la confrontación por esferas de influencia entre la OTAN y la Federación Rusa. Ninguna de esas cuestiones es novedad. Pero, en este caso, la combinación crea un estado de cosas cada vez más complicado.

La llegada de un buque de guerra de los EE.UU. al puerto georgiano de Batumi, con ayuda humanitaria, condujo a que el ministro de Relaciones Exteriores ruso comentara que, normalmente ese tipo de naves no son utilizadas para enviar ayuda, y "que la diplomacia de los buques de guerra no contribuye a hacer que la situación sea más estable". También es cierto que la flota rusa dominó las aguas adyacentes a Georgia durante los últimos acontecimientos. Se ha informado que el crucero Moskva, buque insignia de la flota rusa del Mar Negro, dejó su base en Crimea para lo que se describió como maniobras de rutina, y que el portaaviones Kusnetzov se dirige hacia el Mediterráneo oriental. Esa concentración naval de los países de la OTAN y de Rusia, crea una situación delicada.

Desde su independencia, en 1990, Georgia se ha visto dividido por conflictos étnicos entre la mayoría georgiana y las minorías en sus regiones de Abjasia y Osetia del Sur. La crisis se desencadenó cuando el gobierno georgiano intentó afirmar su autoridad en Osetia del Sur. Los habitantes de esta región mantienen estrechos contactos con sus hermanos de la región de Osetia del Norte, que forma parte de la Federación Rusa. El ejército ruso invadió con el propósito, según lo manifestado por su Gobierno, de amparar a los osetios ante la prepotencia georgiana. Hasta aquí, la situación se asemejaría a lo que acontece en otras regiones de la antigua Unión Soviética. Pero, en este caso existe un ingrediente adicional.

Los Estados Unidos han apoyado Georgia desde su independencia de la URSS. En la 20ª reunión de la OTAN, el pasado abril, Washington propuso que Georgia ingrese a un programa que, gradualmente, culminaría en su acceso a la organización. Los miembros de la OTAN resolvieron transferir el asunto a su sesión del próximo diciembre. La invasión de tropas rusas cambió totalmente el escenario.

El 19 de agosto, al finalizar la reunión extraordinaria de la OTAN convocada para tratar la crisis, la Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, declaró que la organización no habría de permitir que Rusia trazase una nueva línea dividiendo a Europa. Parecería, entonces, que de lo que se trata es de evitar que Rusia consolide una esfera de influencia en regiones vecinas, adyacentes a sus fronteras, como hizo Stalin al final de la Segunda Guerra Mundial.

Pero, si consideramos los hechos desde la fría perspectiva de la política del poder, Moscú puede sostener que no es la URSS y que la OTAN pretende extender su propia esfera de influencia a regiones que no se encontraban dentro del área original de la alianza, justo hasta las fronteras de la Federación. Lo que afecta sus intereses, prestigio y seguridad.

Ahora Rusia ha aumentado la apuesta: acaba de reconocer la independencia de Abjasia y Osetia del Sur. Una decisión que contradice su posición anterior respecto de la independencia de Kosovo y que complica aún más la situación.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar