El paro general decretado por el Pit-Cnt puso nuevamente de manifiesto las contradicciones existentes en el seno del movimiento sindical. Fue el pasado, un paro general que no gozó del respaldo unánime de las fuerzas sindicales. No fue un paro más: fue un paro contra el "gobierno progresista". De ahí, lo difícil que se hizo para los agrupamientos sindicales que responden a los diferentes partidos políticos que integran el Frente Amplio ponerse de acuerdo.
Mientras unos siguen reclamando la "independencia de clase", otros consideran que es este un "gobierno que ha dado mucho a los trabajadores". Si bien esas dos visiones contrapuestas pujan por lograr mayores espacios en la interna sindical, la disputa ni se agota en ello ni halla allí su razón de ser. Las diversas posiciones tienen una traducción política partidaria: ganar espacios para unos es funcional a su estrategia de crecimiento electoral, mientras que para otros, los cuestionamientos al Gobierno pueden poner en riesgo, precisamente, sus posiciones a nivel político electoral y en la administración.
La lucha planteada no es otra que la de si conviene o no atacar al "gobierno compañero" y, en el caso de hacerlo, la magnitud que debe tener la crítica.
Lo que llama poderosamente la atención son las banderas que quedaron por el camino. No se despotrica más contra las políticas neoliberales, ni contra los organismos de crédito internacional; cuando si algo es este gobierno, es ser un continuador de las políticas económicas que venían de otrora (y que, en purismo no eran neoliberales).
Quedaron por el camino los reclamos contra la asociación de empresas públicas con capital privado. Los contratos chatarra en el Estado siguen proliferando; así como las tercerizaciones, y hasta se utiliza el erróneo procedimiento de contratar personal obligándolo a constituir empresas unipersonales. Sin mencionar el hecho de haber politizado a extremos inimaginables la administración pública.
Todo ello nos corrobora que tras los encendidos discursos y consignas, no se hacía más que desarrollar estrategias útiles a los efectos electorales. Los gobiernos posdictadura se debieron enfrentar una y otra vez contra campañas que, mayoritariamente, no hacían otra cosa que tergiversar la realidad, sembrar el descontento, la duda y el anatema contra todos los que no fueran frentistas.
Hasta el proyecto de asociación de Ancap con privados, acordada con el Frente Amplio, se convirtió en instrumento para el agravio y la siembra del odio y del desprecio. Hoy, parte de ese mismo movimiento sindical no solamente aplaudió la idea de asociarse con Pedevesa, sino que hasta intentó juntar firmas de apoyo al Directorio del Ente, en una actitud de un amarillismo nunca visto.
Pero si algo ha habido de positivo, es el nacimiento de nuevos sindicatos y el aumento del caudal de afiliados de los existentes. Deberán ser esos nuevos afiliados, con los antecedentes de las actuales direcciones a la vista, los que deberán asumir la responsabilidad de volver a la razón de ser de los gremios, que principalmente pasan por las rei-vindicaciones salariales y por mejoras en las condiciones de trabajo, superando las diferencias partidarias que bueno sería quedaran en la puerta del sindicato.