Consagración porteña de La Vela

La banda llevó 20 mil fanáticos al estadio Obras

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La banda llevó 20 mil fanáticos al estadio Obras
El País

BUENOS AIRES | SEBASTIÁN AUYANET

Durante el fin de semana llenaron su tercer y cuarto Estadio Obras con cinco mil fanáticos por noche. Lo de La Vela Puerca es la crónica de un fenómeno que hace ya tiempo excede los festivales con realidades muy distintas y públicos diferentes.

"¡Y claro! ¡Si acá es casi todo los rolingas! (sic)". El fanático acaba de recibir la entrada ya cortada e ingresa al recinto ensayando una poco objetiva aunque sentida explicación cuando se le pregunta por qué la respuesta del público de La Vela Puerca crece año a año y disco a disco.

Y algo de razón hay. Al menos en el punto en que se repara en la evolución de su música, en las inquietudes de Sebastián Teysera a la hora de componer o en la relación que el público ha desarrollado con la banda, por momentos comparable con las huestes ricoteras que durante tantos años acompañaron las canciones del Indio Solari en Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

Mientras El Sepulcro Punk, una pequeña banda con base en el Salón Pueyrredón (la casa donde La Vela dio su primer concierto en Argentina) hacía ruido e invitaba amigos de bandas como Las Manos de Filippi o 2 Minutos, Adriana trata de encontrarle la vuelta a su relación con La Vela, que lleva ya cuatro años, desde el primer Cosquín Rock en que se presentaron los uruguayos. "Yo creo que lo que termina encantando de ellos es que te saben decir cosas con las que te identificás sin que eso llegue a ser arenga. Como que ese tipo de rock te pasa en la adolescencia y querés que te digan otra cosa, que te acompañen de otra manera", explica la chica de 23 años. De todas formas, dentro de Obras ella está, con la salvedad de algún padre que acompaña, por encima de la media de edad que tienen los asistentes de esta noche. Primera diferencia con nuestros shows del Teatro de Verano o del Velódromo.

Sucede que, si bien en Montevideo La Vela se ha vuelto hace tiempo un fenómeno en vivo que integra padres, hijos tíos y hasta algún abuelo, en plan salida familiar, aquí sigue teniendo efervescencia adolescente en estado puro.

Eso se va notando a medida que la gente va llenando la vieja cancha de basquetbol que conserva alguna línea y los tanteadores. Casi tan sobre la hora como la propia banda, el público terminó de llenar el recinto minutos antes de que las luces se apagaran y comenzara a sonar Mañana. Sin descontroles, cada uno fue encontrando su lugar sobre la cancha, mientras la gente en las plateas se paró para recibir la primera irrupción del grupo. En pleno viaje a contramano del incipiente (e hirviente) "pogo" que se comenzó a formar contra el escenario, un chico pasa con su novia llevando una remera con el logo del disco/dvd TAN, de No Te Va Gustar, directo al epicentro donde de todas formas parece haber más ganas de escuchar y menos banderas.

La serie de conciertos de la banda comenzó un fin de semana antes. En principio iban a ser apenas dos presentaciones en las que la banda se iba sacar el gusto de volver a un escenario que no pisaban desde tiempo antes de la masacre de la disco Cromañón.

Cada fecha y cada lugar son banderas plantadas con el grupo que siguen allí como mojones de una relación de largo alcance y efecto a largo plazo. Entre el Salón Pueyrredón, Obras, Cosquín y River, entre muchos otros, se escribe la historia de la banda al otro lado del charco. Y cada capítulo debe ser atendido para entender todo el proceso.

CAMBIO. La excusa de un formato más íntimo en el que se puedan revisitar viejas canciones surtió efecto en varios fans ávidos de cantar desde el primer al último tema. De ahí que cuando sonó El huracán, acompañado de una sorprendente proyección en cinco pantallas divididas y un ambicioso juego de luces, el pulso del público ya iba a ritmo acelerado. "Estos nenes no son rockeros estrellita, es por eso que también te parás a escuchar lo que te quieren decir. Suenan distinto", se permite comentar Claudio, un petiso retacón que lleva un chaleco fucsia que dice "seguridad" en un momento en que, mientras vigila, observa de refilón el escenario.

"¿Está todo bien allá? Acá también", pregunta y responde Teysera antes de saludar con su brazo izquierdo entablillado, producto de una caída fuera de concierto semanas atrás. Precisamente ese fue el momento de presentar al primer invitado de la noche, que fuera de lo festivo llegó para dar una mano de verdad ante la "lesión" del cantante: Guzmán Mendaro, de Hereford, auxilió a la banda con su guitarra en canciones como Dice, otra de las canciones en las que el público se llamó a silencio y volvió a parar la oreja. Habría otros tres invitados uruguayos que terminaron de hacer el puente. ¿Alguien dijo NTVG? Denis Ramos y Emiliano Brancciari (viviendo a mitad de camino entre Montevideo y Buenos Aires por el acabado de su próximo disco) visitaron el escenario en canciones como Soy de la ciudad.

De todas formas, la selección de canciones parece marcar el disco de quiebre más fuerte en la carrera del grupo. De bichos y flores (2001) no sólo es el disco al que la banda recurre más durante todo el concierto, sino el más reclamado, quizá por aquello de que la primera "piña" siempre suele ser la más contundente, la que abrió las puertas de la percepción a nivel masivo de parte de quienes hoy son incondicionales. Así, alternando momentos de más "vientos" con las nuevas canciones que redefinen el panorama sonoro de la banda, como El señor (con la 18 de Julio en las pantallas fragmentadas) o incluso Clones, en la que el "Cebolla" Cebreiro se cal- za la guitarra y comanda a la audiencia.

POTENCIA. Tal como suena el disco y apoyados en un sitio con condiciones de sonido aceptables, la banda lleva esa potente pared de distorsiones mezclada con pop de acceso fácil y letras que tallan al modo "en vivo" de forma aceitada y ajustada. Todo suena donde tiene que sonar y además se escucha. Pero las dos horas se pasan volando y cuando uno quiere acordar, la gente sobre el campo está toda sentada cual movimiento hippie para cantar las primeras estrofas de Mi semilla.

Con la primera salida de la banda, el reclamo de "una más y no jodemos más" se sustituyó por otra costumbre muy "velera" en los fanáticos: pedir a coro y cantando "José sabía". Para rematar la noche, entonces, un momento de pura extracción murguera: Alejandro Balbis fue el tercer invitado para tocar la guitarra y, a dúo con Teysera, cerrar la noche. Las luces del estadio se prenden y la gente se retira feliz. Una noche más en una Buenos Aires cada vez más puerca.

En los dos primeros shows hubo robos

En un momento del concierto, Teysera agradeció por las dos noches del fin de semana anterior y la respuesta del público en esta nueva convocatoria. Y siguió con un pedido de disculpas que luego hicieron extensivo en su sitio web.

Al parecer, varios episodios de robo se dieron entre la multitud durante los dos primeros conciertos. El cantante se disculpó: "Cada vez que vienen a vernos para nosotros es como invitarlos a nuestra casa, pero algunos invitados a veces vienen a tu casa y hacen cualquier cosa y uno puede hacer poco para evitarlo aunque lo intentamos hacer lo más que podemos. Lamentablemente esto pa-sa cada vez más, les pedimos mil disculpas por eso", cerró Sebastián.

La próxima actividad de La Vela tiene fecha recién para el mes de octubre. Es que el 11 de ese mes se estarán presentando una vez más en Montevideo, para un show multitudinario junto a sus compadres de NTVG, con estadio aún por confirmar.

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