BEIJING | EDWARD PIÑÓN
Sin el grito de "vamos, vamos, la Argentina" de fondo, a la victoria de la albiceleste en el choque sudamericano por un lugar en la final olímpica le faltó la natural gastada futbolera.
Y, para ser sincero, por lo que pasó en la cancha, por la forma en la que terminó el partido, por los pobres recursos técnicos que tuvo Brasil y por el nuevo adiós que le hicieron los norteños al oro olímpico, daba para que los jugadores argentinos saltaran en el círculo central y empezaran a gozar hasta el cansancio el baile con el que una vez más irán por el premio mayor.
Hasta podrían haber cantado como si estuvieran en el Monumental "seguí participando", porque no hay nada más lindo que en un clásico sudamericano hacerle acordar al otro el mal que padece deportivamente. Y no hay dudas que Brasil tiene la espina más grande del mundo en lo que al fútbol olímpico se refiere.
Claro que si quieren cambiar la racha en este sentido van a tener que jugar más a lo Brasil y no a lo Dunga. Ayer los norteños parecían jugadores de otro país, porque reventaron la pelota sin la menor vergüenza, porque atacaron con poquita gente y también porque cuando se arrimaron al área definieron como los jugadores más toscos del mundo.
Argentina, en tanto, jugó bajo el influjo de un cerebral Juan Román Riquelme, un virtuoso y desequilibrante Lionel Messi y tuvo arriba al tormento de la noche china: el "Kun" Agüero.
Si bien hubo un pasaje del primer tiempo en el que los dos equipos llegaron con riesgo al arco rival, y a ambos les faltó centímetros para poder convertir, la mejor exposición del fútbol colectivo estuvo del lado albiceleste. Con varios jugadores con gran capacidad para encontrar y aprovechar los espacios, Argentina le armó un revuelo bárbaro cuando se metió en tres cuartos de cancha.
Brasil intentó responder con alguna creación de Ronaldinho y con las incursiones de los dos laterales, pero no tuvo ni remate de distancia ni tampoco la presencia adecuada en el área albiceleste. Por consiguiente no tuvo el peso adecuado como para transmitir la misma imagen sólida que tuvo el equipo del "Checho" Batista.
Además, a Dunga se ve que todavía le afecta el cambio de horario, porque se durmió con los cambios y dejó a su equipo sin ataque.
Los que no se durmieron nada fueron los muchachos del Río de la Plata. El "Kun" le puso el pecho a la bala que tiró Di María y así abrió el marcador. Brasil reaccionó, demostrando que sus jugadores no eran marcianos y tuvo dos remates en los caños. Ahí la suerte jugó del lado albiceleste, de la misma forma que el grueso error de Miguel Nievas condenó a Brasil a pensar en Londres 2012.
El centro cruzado de derecha a izquierda del área brasileña encontró en posición adelantada a Agüero, pero como Nievas dejó el banderín pegado a su cuerpo el delantero argentino terminó festejando con los suplentes la victoria y clasificación a la final olímpica.
Brasil ya no tenía ni alma ni ruido de samba y al final terminó siendo una especie de equipo fantasma, cometiendo agresiones descalificadoras para ganarse tarjetas rojas, cometiendo un penal para que Riquelme le metiera el tercero y sufriendo el castigo del público que pasó a ser fanático de Argentina a tiempo completo.
Las cifras
52 Minutos de partido corrían cuando "explotaron" las tribunas tras el primer gol de Sergio Agüero.
2 Medallas de Oro tiene Uruguay en fútbol. Argentina o Nigeria lo igualarán el sábado.
Vázquez: Condujo muy bien el clásico
El árbitro uruguayo Martín Vázquez condujo bien la semifinal de argentinos y brasileños. No falló en las tarjetas y cobró bien el penal que Breno le hizo a Agüero. El línea Mauricio Espinosa anuló bien el tanto que Alexandre Pato hizo a los 62 minutos porque estaba en offside. El que le erró feo fue Miguel Nievas porque Agüero estaba adelantado en el segundo gol.
Maradona: Tuvo una gran ovación
El ex futbolista Diego Armando Maradona estuvo en uno de los palcos del escenario y cuando las cámaras lo mostraron a través de las pantallas gigantes se vivió el mayor estruendo de la noche. El "Diez", que en ese momento estaba hablando por teléfono celular, escuchó la ovación y saludó con dedicación a todo el público. Fue la ovación más grande de los Juegos.
Hinchas: Dependía de quien atacaba
La gran mayoría de los 52.000 espectadores que asistieron a la semifinal olímpica entre Argentina y Brasil no revelaron de qué equipo eran simpatizantes. Si atacaba Brasil daba la sensación de estar en Maracaná y si lo hacía Argentina parecía el Monumental. Si Ronaldinho tocaba la pelota eran todos de Brasil y si lo hacía Messi no quedaba chino que no vivara su nombre.