[HOY IMPORTA]
Mazazos
En un principio fue la reforma tributaria la que se justificó por su carácter social: "que paguen más los que tienen más y menos los que tienen menos", se dijo. Mezclar políticas fiscales con fines sociales significó aplicar un criterio discutible como se denunció en diversos alegatos jurídicos contra el impuesto a la renta. En recursos presentados en los estrados judiciales, entre otros argumentos se remarcó la ilegitimidad de fundar los instrumentos tributarios en razón de sus objetivos sociales. El Estado necesita recaudar fondos para financiar sus actividades y para eso cobra impuestos, incluso a quienes no están en condiciones de pagarlos. Las políticas sociales, como se sabe, tienen otra naturaleza y distinto fundamento.
Si ese criterio polémico se hubiera limitado al plano fiscal las cosas no serían tan graves. Lo peor vino después cuando en otras oficinas públicas prendió la idea de recaudar más bajo el confortable ropaje de las políticas sociales. Así, un sector sustancial de la población -la clase media- fue víctima de esa distorsión propagada a otras oficinas que invocaron las políticas sociales como coartada para cobrar tarifas diferenciales según el presunto poder económico de cada usuario.
UTE lo hizo al decretar una suba del 8% en las tarifas -por una sequía que ya no es tal- con un recargo del 5% para consumidores de más de 600 kilovatios hora. Un recargo injusto y discriminatorio. Algo similar sucedió hace poco con el aumento del 10% del gas junto al cual se impuso un adicional del 30% para demandantes de más metros cúbicos. En ambos casos se sancionó al barrer el mayor consumo sin analizar situaciones particulares como podría ser, por citar un solo ejemplo, el de familias más numerosas pero con escasos recursos.
La frutilla de la torta la puso la Intendencia capitalina con la contribución inmobiliaria. Voraz y atormentada como siempre por Adeom, descargó su mazazo sobre los pobladores cobrando tributos diferenciales en función del valor real o aparente de los inmuebles. Para hacerlo no tuvo mejor idea que invocar también las políticas sociales, santo y seña con el cual se manda al patíbulo a la clase media.
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