El debate sobre la seguridad se instaló con fuerza, teñido de campaña. Crece la demanda ciudadana de medidas más severas con los delincuentes y de mayor eficacia policial. Los enfoques dominantes colocan a la pobreza y al consumo de drogas como disparadores del delito. Pero para el psiquiatra y criminológo, Luis Bibbó, director del Instituto Nacional de Criminología, el tema es más complejo y tiene, como telón de fondo, una sociedad que en sí misma está en conflicto y que excluye a las personas. A esa sociedad, así como también al gobierno y al delincuente, les "sirve" responsabilizar por la violencia a factores que existen, pero no alcanzan a resolver el problema.
ALEJANDRO NOGUEIRA
- El Inacri elaboró recientemente cifras sobre la población carcelaria del Comcar que evidencian que el 76% son menores de 31 años. ¿Cómo se compone este grupo en términos de grupos etarios desagregados? ¿Cuántos son los que se ubican entre los 18 y 21 años?
-El gráfico por grupos etarios que elaboró el Inacri indica que el 76% de los privados de libertad, primarios, en Comcar tenían entre 18 y 30 años cuando cometieron el delito.
De este grupo, el 34,3% tienen entre 18 y 19 años, lo que representa casi el 26% del total de reclusos. Y el 45% están entre los 20 y los 25 años. El 75% del total de reclusos tiene menos de 31 años. El total de privados de libertad en el Comcar es de 3.016 personas y un tercio son primarios.
En el 2006 ingresaron a Comcar 139 jóvenes con 18 años, en el 2007 ese número aumentó a 281.
- En la población reclusa primaria y "joven" ¿Qué tipo de delitos prevalecen?
-Prevalecen las rapiñas, que representan más del 50%, seguido de lejos por los homicidios, con 8,2 % del total de delitos cometidos por ese grupo.
-¿Cómo es el perfil de los jóvenes que ingresan al Comcar?
La mayoría de los ingresos proceden del medio urbano, sectores socio-económicos deficitarios, con pautas culturales diferenciales, donde se aprecian nuevas configuraciones vinculares y familiares. Muestran escaso cuidado de la salud, exposición a situaciones de riesgo, importante deserción escolar, desinterés académico y pobre o nula capacitación laboral.
- En el 76% de los más jóvenes ¿hay una prevalencia de adictos al alcohol y/o las drogas? ¿Es diferente el porcentaje sobre la totalidad de la población reclusa?
- Según los estudios realizados, los porcentajes de reclusos con consumo problemático de drogas previo al ingreso al sistema penitenciario, oscila entre el 40 y el 70%. Pero dichos guarismos ascienden al 80% cuando se considera la franja etárea entre 18 y 19 años. La sustancia más consumida es el alcohol, seguida por el cannabis y la cocaína. En la población urbana y joven, la pasta base representa el 53%.
- La adicción, especialmente a las drogas, ¿es relevante como desencadenante del delito?
- A pesar de que en la opinión pública existe una fuerte tendencia a responsabilizar a la droga de todo aquello que se considera como "deterioro social", sabido es que no existe una relación de causalidad lineal entre consumo de sustancias y el comportamiento delictivo. El consumo problemático no conduce obligatoriamente al delito. Más bien estos fenómenos son manifestaciones sintomáticas de una problemática psico-social común.
La apreciación subjetiva de la población general acerca del papel del consumo de drogas como causa del delito, no sólo carece de sustento sólido, sino que, además, le permite al privado de libertad depositar la responsabilidad de su conducta ilícita en ella.
- Pero sus cifras muestran una fuerte prevalencia de adictos y muchos delitos tienen como origen las drogas, incluso los que muchas veces no se denuncias como pequeños hurtos, arrebatos, robos a autos. Y son para conseguir dinero para la pasta base. Esos son los delitos cotidianos que agobian a la población.
- Una cosa es que en la población joven haya una alta presencia de consumo problemático. Pero el consumo problemático y la delincuencia tienen causas comunes. Lo mismo que lo lleva a consumir, lo lleva a delinquir. Pero no delinque porque consumió.
-La interpretación dominantes es otra, que la droga estimula el delito…
- Es el argumento que a todo el mundo le viene bien. Porque así colocamos la responsabilidad en la droga, esto le acomoda a todo el mundo: al que delinquió y a toda la sociedad.
- Es lo que dice el discurso oficial.
- También le viene bien.
- Una represión más eficaz en las bocas de pasta base probablemente no terminen con el delito, pero atacarían una causal, sobre todo del delito llamado menor y que afecta a la gente.
-El paso que lleva a un adicto a la rapiña como fuente de ingreso es más que el consumo. La droga facilita, pero si las cosas estuvieran mejor estructuradas… Por la droga solo nadie delinque.
- ¿Cómo juega la pobreza en el delito? Suele decirse que hoy se delinque para comprar droga o un par de championes Nike y no para comer?
- Algo de eso hay. Debemos tener en cuenta que vivimos en una época de profundos cambios sociales que determinan nuevas condiciones subjetivas, donde el consumo y el placer se nos presentan casi como una exigencia. Las vidrieras ofrecen variedad de productos y marcas. Pero la aparente libertad para consumir, es la pantalla que esconde el abandono que padece el sujeto actual, a quien en realidad se lo deja solo, para que choque con su imposibilidad real. Existe un aflojamiento de los lazos sociales que tienen especial impacto en los grupos más vulnerados. En paralelo, los que tienen más muestran más lo que tienen y el resto mira. En este contexto, no es de extrañar que los jóvenes forjen valores y marcas sociales propias.
- Sin embargo, la población carcelaria debe provenir en su amplia mayoría de sectores pobres o indigentes. ¿O esto no es así?
- Es así. Pero si insisto en ubicar los cambios a nivel de la subjetividad es porque aún cuando se lograra revertir las condiciones socio-económicas de estos individuos, no es esperable que ocurran cambios equivalentes en su subjetividad y en la forma de ser en el mundo. La economía nacional puede andar perfectamente, incluso crecer y bajar un poco el índice de desempleo nacional, sin que esto tenga efecto significativo en los barrios marginales a corto o mediano plazo.
- Si no hay responsabilidad lineal entre la pobreza y la droga con el delito, ¿qué es lo que pasa?
- Hay que aceptar que la cosa es compleja y no hay una respuesta única. Creo que la cuestión pasa por los cambios sociales que inciden en la subjetividad de las personas y esto no se resuelve tan fácilmente ni con medidas puntuales. Hay cambios en el valor de la institución familiar. Hoy el consumo y el placer son casi exigencias que nos alcanzan a todos y paralelamente aumentan la desigualdad y queda más expuesta. Ni la pobreza ni la droga, por sí solas, explican el delito y la violencia.
- ¿Qué lo explica entonces? ¿Cómo se contrarresta esto?
- La pregunta implica una forma de construir el problema, centrándolo en el delito y en el delincuente.
- ¿Dónde centrarlo entonces?
- En la conflictiva social, vivimos en una sociedad en conflicto. Una forma de resolverlos es jurídica, construimos el delito, los delincuentes. Es una forma de mirar el problema. Otro forma es pensar que hay una sociedad con desigualdades y conflictos, que violenta a muchos que aparecen como violentando, que penaliza unas cosas y otras no. Pensemos en lo que pueden haber robado todos los que están en la cárcel más superpoblada del país comparado con lo que pueden haber robado los Peirano y lo que pagaron unos y otros.
- Entonces ¿la solución a la delincuencia es el "socialismo"?
- No. No hay una sola solución.
- La conflictiva social suena a algo muy genérico.
- Se rompieron las redes sociales y reconstruir esto requiere varias generaciones. No es sólo dar trabajo y una vivienda. Tampoco niego que haya que reprimir la venta de drogas.
Prevalencia de jóvenes rompe códigos carcelarios
- ¿Cómo impacta este "rejuvenecimiento" de la población carcelaria en los habituales códigos carcelarios y en el relacionamiento de los reclusos con los guardias?
-Quienes hace algunos años que estamos vinculados al sistema observamos una alteración estructural de la función de la cárcel que la torna esencialmente diferente a la tradicional, existente en nuestro país hace años atrás.
El aumento del número de jóvenes con consumo problemático de drogas suele ser la imagen más visible de este cambio que, no obstante, responde a una causalidad más compleja.
Los presos mayores, no encontrando otra explicación, suelen responsabilizar a las drogas por el comportamiento de sus compañeros más jóvenes. Lo cierto es que estos jóvenes no respetan las diferencias generacionales ni las clásicas jerarquías internas y se presentan como impermeables al diálogo. La palabra está cada vez más devaluada. Tanto reclusos como funcionarios hablan de pérdida de los códigos carcelarios imperantes en un pasado no muy lejano. Este vacío normativo vuelve más imprevisible a la vida carcelaria.
-¿Cómo se materializa, en la práctica, esta ruptura de los tradicionales códigos carcelarios? ¿Hay bandas de jóvenes contra bandas de "viejos"?
- La gran ruptura hace que ni siquiera sean capaces de agruparse. No hay enfrentamientos de grupos organizados y es un "sálvese quien pueda" individual.
Los códigos tradicionales hacían que hubiera cosas bien vistas y otras mal vistas. Por ejemplo el cuidado del secreto de alguna información, el "buchonear", era muy mal visto. Ahora esto no existe. Los reclusos mayores son los que están mas organizados, participan en grupos con delegados y cuentan que los jóvenes están metidos en sí mismos, no se interesan de la vida ni del bien común.
El joven no accede a comprometerse a algo. Se dialoga, se negocia, se acuerda algo y antes la palabra valía y se respetaba lo acordado. Esto ahora no es así. Hoy no están claros cuáles son los códigos, qué tiene que hacer el preso para "pasarla bien", puede pasar que el ataque venga de un lugar inesperado, sin motivos.
Primarios adictos
Luis Bibbó es optimista con el programa lanzado esta semana por el Ministerio del Interior para rehabilitar a reclusos primarios jóvenes.
No obstante observó que "los modelos de tratamiento probadamente útiles no pueden ser trasladados sin más a la cárcel". También señaló que "en Uruguay no existen dispositivos asistenciales que se hagan cargo de los adultos consumidores problemáticos, con manejo predominantemente psicopático, sin familia continente y encima, en conflicto con la ley".
Perfil
Entre la reja y el diván
Luis Bibbó se excusa de aportar elementos de su vida personal por su condición de psicoanalista, pero tiene detrás un sólido historial en una actividad como la criminología que le apasiona y que comparte con su actividad profesional como psiquiatra y psicoanalista desde 1990.
Es miembro de la Asociación de Psicoanalistas del Uruguay y de la Asociación Internacional de Psicoanalistas, perito del Poder Judicial en Psiquiatría y Familia y docente de Biología.
Fue uno de los fundadores Atefas (Asociación de Terapeutas Familiares Sistémicos) formado en Cefyp- Buenos Aires. Fue director del Centro Nacional de Dictámenes Criminológicos del Inacri (2001-2006) y dirige el Instituto Nacional de Criminología desde 2006.
"Además del trabajo del consultorio, siempre me interesó el institucional, porque permite, compartiendo con un equipo, intervenir en situaciones de especial sufrimiento", explicó.
"En las Comunidades Terapéuticas aprendí el potencial de lo grupal, tanto en la creación como en la destrucción", agrega. Y en la cárcel ve "un buen analizador de sociedad uruguaya. La criminología, como encrucijada de disciplinas, ofrece un ángulo particular para comprender la realidad", apunta.