Julia Rodríguez Larreta
Argentina, un país que en los noventa era exportador de energía a consecuencia, no sólo de su rico subsuelo, sino de las inversiones realizadas para desarrollar la producción gasífero y petrolera, hoy tiene que abastecerse en parte con el gas que le llega de Bolivia y con el que le suministra un barco regasificador, (cuyo alto precio sufriremos los uruguayos), porque no le alcanza con su propia producción. De haber sido exportador neto de petróleo, pasará a ser importador neto el año próximo.
Justo cuando los precios de los combustibles fósiles están por las nubes, no puede aprovechar la ventaja que supone disponer de esos valiosos elementos -que ya quisiéramos tener de este lado del río-, por culpa de las políticas de gobierno.
En la denostada era menemista, a raíz de las privatizaciones, de marcos regulatorios estables, de tarifas y un sistema tributario razonable, llegaron importantes capitales que se aplicaron al área del petróleo y el gas, así como a la generación de electricidad. Pero a partir de la crisis del 2002 y durante la era K. la viabilidad económica de esos sectores fue quedando estrangulada con el congelamiento de precios, las retenciones, las grandes regalías y la asimetría con los precios internacionales.
Por otro lado, el sector agrícola, beneficiario de espléndidas tierras, potenciadas a su vez, por la incorporación de tecnología que hizo posible el aumento de los rindes y la expansión de la frontera agrícola, llevaron al país a una posición de liderazgo como proveedor global de alimentos.
Sin embargo, en tiempos en que estos precios alcanzan alturas nunca vistas, (a pesar de algunas bajas recientes, siguen siendo muy elevados) y que la demanda mundial se ha disparado, el gobierno no ha tenido mejor idea que librar una guerra contra el sector, al que si bien históricamente se le ha exprimido tributariamente, la exageración de la codicia fiscal de la actual Administración, los puso finalmente en pie de guerra. Hasta llegar al punto de provocar el primer gran quiebre, en la hegemónica forma de gobernar del matrimonio Kirchner.
También en el rubro de la minería, otra de las riquezas con las que cuenta esta nación, desde el Ejecutivo se ha hecho lo posible para desanimarlos. No se respetan las reglas de juego, se ha violado la normativa, les han puesto también retenciones y como resultado, ya se sabe de la cancelación de un importante proyecto minero que estaba a punto de comenzar. La insuficiencia de inversión se ha dado a su vez, en la industria en general, motivada por los controles y la permanente injerencia de las autoridades. Pero la equivocada política del gobierno kirchnerista, que continúa en esta segunda etapa por el mismo andarivel, es muy vasta y el descenso impuesto por la calificadora de riesgo S&P -que le bajó la nota de B+ a B-, a solo dos escalones del riesgo de default y que ha provocado la furia de Cristina, no ha hecho más que poner de manifiesto, lo oscurecido del panorama argentino.
Como si el gobierno hubiera querido hacer un perfecto manual de lo que no se debe hacer, este magnífico país, en lugar de estar hoy en la cresta de la ola, se encuentra nuevamente sospechado de "default".
El 15,6% de interés que el gobierno argentino se ofreció a pagar por los bonos que le vendió a Chávez -su prestamista de última instancia de Argentina-, fue un elocuente mensaje con el agravante -algo que también molestó profundamente al gobierno-, de que inmediatamente los venelozanos se deshicieron de los papeles argentinos.
Ese nivel de tasa, habla de una obligada generosidad, indicadora de la imposibilidad argentina de acceder a fuentes razonables de crédito en el exterior. Ni siquiera la recompra de títulos, llevada a cabo por el Banco Central, como forma de ahuyentar el fantasma de la cesación de pagos, y que en un primer momento, obtuvo la respuesta deseada, ya que los bonos subieron en el mercado, hasta un 8%, sirvió para mucho.
La bonanza se esfumó rápidamente cuando las cifras del INDEC, con bastante poco sentido de la oportunidad, tomaron estado público. Al conocerse el ridículo 0.4% de aumento de la inflación en julio, lo cual significaría que los precios sólo subieron 5% en lo que va del año, el esfuerzo realizado por el Central quedó neutralizado. Pero como si la sostenida falta de credibilidad que ofrece el INDEC y su eminencia gris, el Sr. Moreno, tanto el Ministro De Vido como el nuevo jefe de Gabinete, insisten en que nada cambiará y que las estadísticas son serias. Parece mentira que al tiempo que el riesgo país cae al nivel del 2001, el Banco Central cuente hoy con reservas triplicadas desde ese entonces y aún tenga superávit fiscal.
Pero la confusión que se percibe en este gobierno, que no se sabe por dónde va, genera demasiada intranquilidad y la prueba está.