BEIJING | EDWARD PIÑÓN
Con pena y rabia. Con reconocimiento a la forma en la que lucharon al final. Con ganas de abandonar el pupitre de prensa para sumarse a gritar "vamos, Uruguay". A Rodolfo Collazo y Javier García se les escapó como el agua entre los dedos la clasificación a la final del doble par ligero de remo.
Da pena por el empeño que pusieron en cada remada. Da rabia porque el esfuerzo no permitió el pasaje que hubiese sido emocionante para estos dos chicos que habían prometido jugársela y lo hicieron. Pero hay que reconocerles lo que hicieron y cómo dejaron atrás a los brasileños. Fue titánico, corajudo. Meta remo y brazo para ganarles por paliza a los que no hace mucho se posicionaron por encima de ellos en el preolímpico.
Y había que haber gritado, porque el bote de los alemanes estuvo a punto de flaquear, porque dio la sensación de que se les venían encima.
Con viento en contra y dando todo, y hasta un poquito más también, Collazo y García quedaron a cuatro segundos de meterse en las finales y estar entre los mejores doce.
La largada los mostró concentrados, con ritmo perfecto. Controlando a los brasileños, metiéndoles presión a los australianos y los alemanes. Así cruzaron los primeros 500 metros, con una desventaja de 1"56 pero sin dar tregua.
Cuando pasaron por la línea de los 1.000 parecía que se desmoronaba todo, que la estrategia brasileña era superior. Sin embargo, apareció la garra y hubo destrozo.
Los brasileños no lo podían creer, miraban para el costado y veían como los uruguayos pasaban velozmente.
Eso entusiasmó. Encendió la mecha de la ilusión. El "vamos" estuvo en la mente, acompañado del tradicional "un poco más de h…". Pero no lo consiguieron por cuatro malditos segundos.
Igual, el tiempo logrado los beneficiará para la definición entre los equipos que buscarán meterse en la pelea de los puestos 13 a 18.
La cifra
4"56 Fue el tiempo que separó a los uruguayos de la final "A" del remo olímpico.