Los que se sientan encima

MIGUEL CARBAJAL

Quién se hace cargo del patrimonio plástico? Hay problemas para contestar esa pregunta. El caso de Torres-García, de Gurvich, de Zorrilla no se ajustan al promedio. Son pocas las familias que quedan encolumnadas detrás de un proyecto.

Los descendientes, o están ocupados en sus propios problemas, o no le conceden valor a lo que reciben, o se lo conceden demasiado y lo encriptan. Y además viven realidades afines a las de su contexto.

Habitan apartamentos chicos y no tienen lugar para el almacenamiento, ni tiempo para la conservación, ni habilidad para lidiar con los compradores. Es un lugar común oír lo desaprensivo que es el Estado como preservador.

Gente sin hijos debió rechazar la idea de la donación pública porque los cuadros terminan arrumbados en los sótanos oficiales, descuidados, cuando no arruinados. ¿Cuántas veces se ha repetido esa historia?

Los murales de Torres-García concluyeron consumidos en un incendio. Esa susurrada aventura es un poco la radiografía del país. María Freire, que luchó como una leona para defender la obra de su marido, José Pedro Costigliolo, contaba una y otra vez lo que la familia había hecho con sus cuadros cuando Costi decidió emigrar por un tiempo a Buenos Aires: arrumbarlos en un gallinero.

Lo dijo ella una y mil veces, con esa pasión turbulenta que pone en sus cosas. Nunca salió una declaración en contrario. Y Costigliolo provenía de un hogar de clase media.

Cuando murió Longa, su hermano le preguntaba con asombro a este periodista si en realidad creía que lo de Hugo era valioso. Había incredulidad en la pregunta. Como contrapartida hay familias que piensan que le dejaron oro en polvo en lugar de un legado artístico y se comportan de una manera irracional: se sientan encima de los cuadros y los terminan por hacer desaparecer del mercado.

La obra de un pintor no puede estar demasiado tiempo fuera de la circulación porque corre el riesgo de borrarse de la memoria colectiva. ¿Cuántos pintores murieron en el anonimato? Llorens dejó sólo una viuda que lo sobrevivió por corto tiempo y no tuvo hijos. ¿Quién se hizo cargo del copioso testamento plástico? Rothfuss, uno de los pilares del arte Madí, dejó sólo un vacío tras suyo.

Trabajó como escenógrafo del Solís, fue profesor de Secundaria, murió joven y sin problemas económicos. Sus famosas piezas de marco irregular sólo se localizan en el Malba, glamoroso museo porteño. Sagradini ha estado detrás de esa difícil pesquisa. Si no hay una familia, debe por lo menos existir una sociedad y un gobierno detrás para asumir las responsabilidades de los sinsabores de la vida.

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