LA PAZ | THE ECONOMIST y EL PAÍS DE MADRID
Nunca hay que dar nada por ganado de antemano. El gobierno boliviano apostó mucho al referéndum de hoy. Pero la carrera que semanas atrás parecía ganada por el Presidente se ha transformado, graves disturbios mediante, en una incógnita.
Se suponía que va a quebrar una situación de estancamiento político. Pero, a medida que los bolivianos se preparan para votar hoy en un referéndum revocatorio, en el que se les pide que confirmen o destituyan a su presidente Evo Morales, y a los gobernadores regionales, entre los que figuran algunos de los más fuertes enemigos del mandatario, quizás terminen encerrando a uno de los países más pobres de Sudamérica en un impasse entre bandos irreconciliables.
Desde que fue elegido Presidente en diciembre de 2005, Morales, de descendencia indígena andina, quien fue líder de los trabajadores cocaleros, ha demostrado sus inclinaciones radicales al reimplantar el control estatal en la explotación del gas natural y sobre la minería privatizada y las empresas de telecomunicaciones. Pero, tiene un plan aun más ambicioso para "refundar" Bolivia. En el centro de su proyecto está una nueva Constitución que incrementaría los poderes del Presidente, debilitaría al Poder Judicial y daría mayor autonomía a las comunidades indígenas. El texto fue aprobado de apuro en diciembre por una asamblea, en la que la oposición no estuvo presente, pero requiere aprobación en un referéndum separado.
La oposición, que tiene su base en las tierras bajas, más prósperas y ricas en gas, de Bolivia, teme que Morales quiera introducir un sistema autocrático socialista al estilo venezolano. En los últimos tres meses, cuatro departamentos de la zona este, incluyendo a Santa Cruz, el más rico, realizaron referéndums no oficiales, en los cuales los votantes por abrumadora mayoría respaldaron la declaración de autonomía, expresando, por consiguiente, su deseo de quedar fuera del proyecto del Presidente. Les desagradan, principalmente, sus planes para reducir su participación en los ingresos provenientes del gas e imponerles la reforma agraria.
Quienes respaldan a Morales confían que el referéndum revocatorio permitirá a éste recuperar la iniciativa política. Parecía más que probable que sobreviva a la votación. Para expulsar a Morales, los opositores deben reunir más votos que los que le dieron la victoria a éste en 2005, cuando obtuvo 53.7%. Sin embargo, la entrada en escena de varios conflictos sociales, con dos muertos incluidos el martes (desde que asumió la presidencia y hasta ese día, 41 bolivianos han muerto en circunstancias violentas durante protestas), ahora hacen que un triunfo del mandatario no se vea tan seguro.
Algunos de los gobernadores regionales (conocidos como prefectos) seguramente serán expulsados, aunque no el de Santa Cruz. Algunos de ellos cuestionan la legalidad del referéndum. Asimismo, les preocupa que al hacer más flexibles las normas para que se registren los votantes, el gobierno ha abierto la puerta al fraude. Sin embargo, el referéndum fue aprobado por el principal partido de oposición.
RECURSOS. Los gobiernos bolivianos del pasado estaban asediados por el déficit presupuestal y dependían de la asistencia externa. Morales se encuentra en una posición mejor. Su casi nacionalización del gas natural ha dejado mucho dinero a disposición del gobierno, en una especie de regalo caído del cielo más valioso que la asistencia que recibe de su amigo Hugo Chávez, el presidente de Venezuela de pensamiento similar. El gasto público total creció de 34% del PIB en 2005 a 42% en 2007, aunque las cuentas fiscales siguen con superávit. Parte del dinero extra ha sido asignado a nuevos programas destinados a reducir la pobreza, que afecta al 60% de los bolivianos. Los programas incluyen alimentación gratuita en las escuelas y un pago en efectivo a las madres para asegurar que sus hijos concurran a los centros de enseñanza. Morales también incrementó el salario mínimo y amplió la nómina de funcionarios públicos.
Esta generosidad fiscal ha ayudado a la economía a crecer a una tasa anual de 6% en el primer trimestre del corriente año. Los trabajadores de la construcción ganan el doble que hace tres años y los trabajadores especializados mucho más. Todo esto se traduce en popularidad para Morales. Las encuestas de opinión pública le dan un nivel de aprobación por encima de 50%. Si triunfa en el referéndum, es probable que impulse la otra consulta a la ciudadanía para que se apruebe la nueva Constitución. Sin embargo, debido a que la mayoría de los gobernadores del sur y del este probablemente también surjan con mandatos más fuertes y renovados, la votación no va a derribar a la oposición.
LEGALIDAD. La situación trabada le cuesta mucho a Bolivia. Ha paralizado al Poder Judicial, frenado la inversión privada y suscitó un preocupante aumento de choques violentos entre grupos radicalizados de cada lado. Hasta el momento, ninguno de los bandos se ha mostrado preparado para llegar a un compromiso, pese a que los dos tienen mucho para perder por no hacerlo.
Si, en el caso que los gobernantes (el presidente y los prefectos) sean ratificados y el estancamiento persiste, puede quedar en manos de un tercero -la Iglesia Católica o la Organización de Estados Americanos- negociar una salida. En un estudio que preparó para Diálogo Interamericano -un centro de estudios políticos con sede en Washington D.C.- el experto boliviano en ciencias políticas, George Gray Molina, sostuvo que el primer paso debe ser "el retorno a la legalidad", lo que involucra designaciones por consenso en los altos cargos vacantes en el Poder Judicial y cambios en la nueva Constitución para permitir mayor autonomía regional. La alternativa es la parálisis.
Las cifras
53,7 Porcentaje de votos que recibió Evo Morales en 2005; el "No" deberá superar esa marca para destituir al mandatario.
6 Número de prefectos opositores del total de ocho que hoy se juegan su revocación; para ello, el "No" deberá tener 50% más uno.