RICARDO SOSA
Cuando asuma en septiembre como nuevo ministro de Economía, Álvaro García, tendrá un espacio acotado por la interna política, por el mundo y porque, ya lo ha anunciado en privado, las grandes políticas macro seguirán su curso de acción.
La marcha atrás en los planes de asociación pública privada en AFE, el Correo y los aeropuertos del Interior por presión sindical y de la interna marca que García, como los buenos centrodelanteros, tendrá que jugar bien en espacios reducidos.
La agenda de reformas podrá centrarse en otras áreas caras para el futuro ministro como las microfinanzas, mejor acceso al crédito y algún sesgo mayor en políticas sectoriales que siempre caen bien en la izquierda.
En el plano de la reforma, García recibirá del Parlamento lo que quedó de la ley del Banco Central tras la negociación con la bancada oficialista. Danilo Astori se comprometió a enviar la ley de reforma de la Caja Bancaria pero será García el que tendrá que bancar la discusión si el proyecto no sale con el visto bueno sindical.
Al asumir será ley el proyecto que subió el monto mínimo no imponible y las deducciones al Impuesto a la Renta de las Personas Físicas (IRPF). Deberá lidiar sí con el pago por núcleo familiar que regirá en enero de 2009, y sobre lo cual habrá presiones por mejorarlo.
Si Estados Unidos y Europa bajan más su consumo es posible que García tenga que trabajar codo a codo con su par de Industria, Daniel Martínez, pa-ra darle un sostén a sectores que ya empiezan a tener problemas hasta que pase el temporal.
Aunque tiene hijos chicos, el nuevo ministro se alegrará por cada lluvia, incluso, las de los fines de semana. Es que, como advirtieron varios analistas las últimas semanas, si se repite en 2009 la falta de lluvias de este año, el programa fiscal estará bajo mucha presión.
En los primeros días del mes que viene no habrán terminado los Consejos de Salarios.
Si la presión sindical es mucha, el próximo ministro -que asegura no perseguir una carrera política- tendrá que aprender rápido a decir que no si ve que los ajustes pueden fogonear la inflación. Eso aunque el actual ministro y futuro candidato siga repitiendo que los salarios no pesan en la suba de precios.