Los medios de prensa argentinos y las agencias internacionales de noticias habían coincidido en anunciar la visita del presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula Da Silva para un encuentro con su par argentina, Cristina Fernández de Kirchner. Se trataba de una reunión bipartita entre ambos mandatarios, cuyas relaciones habían quedado un tanto maltrechas tras la posición de Brasil en la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio.
Lula llegó el domingo por la noche, acompañado por una importante delegación de empresarios (se estima en unos 200), alentados por la posibilidad de invertir en Argentina y aumentar el intercambio comercial.
Sorpresivamente, sin anuncio previo, apareció en escena el presidente de Venezuela. No podía perder la oportunidad de participar en una mini cumbre de la región y, más allá del protocolo, la anfitriona no estaba en condiciones de oponerse a su llegada. Tampoco su esposo estuvo en condiciones de oponerse a un contraacto que organizó Chávez cuando la visita de Bush a Uruguay. Y todo por una razón muy sencilla: Argentina no está en condiciones de decirle "no" a Chávez en nada que le proponga, porque es su única fuente de crédito internacional.
"Como Perico por su casa" apareció el mandatario caribeño, que dio por hecho el encuentro tripartito pese a que, según dijo una fuente a la agencia France Press, esta visita no estaba prevista en la agenda de Lula. "Llegamos a tiempo", fueron las primeras declaraciones de Chávez, que trasuntaban el temor de que su intempestivo arribo se hubiera producido tras la partida del presidente brasileño.
Una vez en Buenos Aires, el caribeño se transformó en protagonista y vocero de las reuniones, cuyo objetivo son "una alianza de tres o la conformación de lo que nosotros llamamos el eje central de Sudamérica: Caracas-Brasilia-Buenos Aires", afirmó Chávez.
El resto de la región queda por afuera, son algo subsidiario, de acuerdo a sus declaraciones. Van a tener que estar a lo que ellos decidan, porque de ese "eje central" va a depender "la dinámica de estructuración de la unidad sudamericana".
Una lástima que Lula se preste a ese juego.