Vandalismo de hoy

Álvaro Casal

Serían las doce de la noche y la oscuridad era total dentro de aquel ómnibus ronroneante que me traía de Tacuarembó rumbo a Montevideo. De repente, la tranquilidad fue alterada. Se escucharon violentos golpes sordos en el lado derecho de la carrocería mientras varios vidrios caían destrozados.

Pensé que aquello podría ser un choque, pero no, no era eso: el conductor no disminuyó la velocidad. Entonces el guarda se acercó y tras verificar que estaban enteros los cráneos de los pasajeros sobre quienes habían llovido trozos de cristal y piedras, explicó: "pasa todos los días a esta hora. Es cuando venimos por Ruta 5 y llegamos a la altura de la avenida Luis Batlle Berres".

Los desconocidos de siempre, se ubican a la vera del camino para apedrear los vehículos que pasan. Es una especie de pasatiempos sin siquiera fines de lucro. Sólo buscan la efímera conmoción que no ven pero imaginan. ¿Soñarán con matar a alguien? Quizás. Todo es posible en la dimensión de gente así. Recordé que pocos días antes, había tenido lugar algo en cierta forma similar: varios adolescentes de entre 15 y 17 años destrozaron el parque municipal de la ciudad de Florida. Una semana después, en la misma ciudad, chicos menores de edad, encaramados en una moto, con palos y hierros rompieron 20 autos que estaban estacionados.

La reiteración de sucesos de esta índole suele llevarnos a pensar que el vandalismo, entendido como destrucción o deterioro deliberado y caprichoso de propiedades y patrimonio cultural, es un fenómeno de nuestro tiempo.

En casos como los mencionados o en otros. Por ejemplo, en los daños a monumentos, "graffiti" y algunas acciones análogas. Sin embargo, no hay que olvidar que la palabra vandalismo en su sentido actual nació hace largo tiempo. Fue utilizada inicialmente por Henri Grégoire, obispo de Blois, durante la Revolución Francesa. Henri Grégoire era revolucionario pero en enero de 1794, en un informe dirigido a la Convención Republicana lanzó el término vandalisme para describir algunos aspectos reprobables de la conducta del ejército republicano.

Y si pensamos que todo empezó con los vándalos que en el año 455 de nuestra era saquearon Roma, estamos equivocados. Hubo vandalismo aun antes de que ellos entraran en escena, dedicándose a destruir o arruinar lo hermoso y venerable. Casi mil años antes del famoso saqueo romano, vivió Alcibíades. El haber sido criado en la casa de Pericles y estar, según dicen, influenciado por Sócrates, no fueron obstáculos para que vandalizara antes que los vándalos mismos. Tras haberle cortado la cola a su perro para llamar la atención, fue acusado de mutilar todas las estatuas de los Hermes de la ciudad de Atenas. Algo considerado sacrílego en esos tiempos y que motivó su fuga a Esparta así como un cambio radical en su vida que se cortó cuando lo envenenaron.

Todos estos datos vienen bien para ayudar a sobrellevar los miedos que conllevan los vandalismos estilo siglo XXI. Hechos que motivan que quedemos a la espera de que las fuerzas del orden se ocupen de los responsables de estos ataques a los ómnibus. Entretanto, no está demás recordar que, al día de hoy y dadas las circunstancias, es más sabio sentarse del lado izquierdo que del derecho, cuando los vehículos circulan por la Ruta 5 cerca de los accesos.

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