CONSULTORA SERAGRO
El aumento de las tasas de interés como herramienta para combatir la inflación externa, está comprometiendo la competitividad como consecuencia del aumento de colocaciones en moneda local y la caída del tipo de cambio.
Hoy coexisten dos fenómenos de la economía global cuyo efecto resulta difícil evaluar por separado. Por un lado, hay un cambio estructural en los precios relativos de los alimentos, por la demanda de las grandes economías emergentes. Por otro, hay un proceso de inflación internacional promovido por la devaluación del dólar, que no tiene miras de corregirse prontamente: los EE.UU. han optado por solucionar con dinero (más gasto y emisión) los serios problemas de su sistema financiero.
La suba de precios internacionales coincidió, y en parte se explica por eso, con una fuerte reducción de la tasa de interés de la Reserva Federal, que hoy se ubica en 2%. Cuando la tasa en EE.UU. baja, los capitales tienden a localizarse en activos no financieros e ir hacia mercados emergentes. Estos movimientos de capitales -deseables y positivos, en particular si se aplican en inversiones directas- causan problemas cambiarios en los países receptores: la oferta de dólares sube y el tipo de cambio baja. Es lo que sucede en varios países de Latinoamérica, que además incrementan su ingreso de dólares por la suba de exportaciones.
Simultáneamente, el aumento en los alimentos y la energía ha provocado un salto en la inflación, que los gobiernos se han apresurado -lógicamente- a combatir.
Una de las herramientas preferidas es aumentar la tasa de interés, con Brasil como el ejemplo más claro. Esto encierra el peligro de ingresar en un círculo vicioso, pues se hacen más atractivas las colocaciones en moneda local y cae aún más el tipo de cambio. La competitividad se compromete.
En Uruguay. Nuestra economía salió de la crisis y tuvo un ciclo posterior de crecimiento rutilante, con una tasa que marcó casi 11% en el primer trimestre. En este ciclo, los agronegocios fueron protagonistas centrales. Pero hay situaciones que comienzan a generar alertas. Las exportaciones de lácteos encuentran ciertas dificultades para colocar quesos en mercados como México y Corea, donde se percibe la creciente presencia, y no es casualidad, de EE.UU. Según el USDA, durante los últimos cuatro años las exportaciones estadounidenses de lácteos se han expandido a una tasa récord y este año aumentarán 50%, para alcanzar US$ 3.700 millones.
En el caso de ciertos productos forestales, Uruguay está quedando caro frente a otros competidores.
Los cítricos, por su parte, se concentran más que nunca en Europa, pues abrir otros mercados no es posible por los altos costos relativos de producción locales.
Son ejemplos de que la competitividad está siendo problema para algunos sectores y empresas, a pesar de que las cifras globales siguen siendo buenas.
Sin embargo, la evolución del Tipo de Cambio Real (TCR) tuvo un claro deterioro en los últimos meses y muestra una caída de 10% en el último año (ver gráfica). La tendencia del TCR está mostrando que pueden avecinarse problemas.