RUBEN LOZA AGUERREBERE
El coronel Thomas Edward Lawrence, escritor, medievalista y arqueólogo, es por cierto mucho más conocido por su gesta como "Lawrence de Arabia". Nació en Gales hace 120 años; fue el segundo hijo de un noble irlandés y de la institutriz de sus hijas. Estudió en Oxford, doctorándose en Historia, con una tesis sobre la arquitectura militar de los cruzados.
En cuanto a escritor, es el autor de un libro clásico de la literatura inglesa: "Los siete pilares de la sabiduría" (Ediciones B). Afortunadamente, ha retornado esta caudalosa obra, la que, según Borges, tenía un solo defecto: "abundar en páginas deliberadamente antológicas". En los preludios de la Primera Guerra Mundial y apogeo del colonialismo, este libro cuenta la crónica personal de este aventurero singular del siglo XX, esencialmente la experiencia árabe, que es el centro de "Los siete pilares de la sabiduría". Recordemos que los ingleses buscaron en el desierto un medio para armar a las tribus árabes contra los turcos, aliados de Alemania. Fue entonces cuando un subalterno del Estado Mayor de Lord Kichener, hizo entonces su irrupción. Un hombre original, refinado, especialista en arte, persuasivo y poderoso. De baja estatura (Lawrence medía un metro 55 cms.), irradiaba inteligencia y energía, y, para llevar adelante su plan, buscó el caudillo para la rebelión. Se decidió por Faisal. Y, con él, comenzó a mover las piezas de su ajedrez político.
A Lawrence le gustaba vestir ropas árabes, y adoptó las túnicas blancas, llevando un cuchillo de oro en la cintura. Esta imagen formaría parte del mito de su personalidad. Y así, condujo una guerra casi personal, cargada de hechos heroicos, sacrificios sin fin (él impuso los ritmos de combates y marchas, para demostrar que era el más fuerte) y gestas extraordinarias.
Así describe el movimiento de sus tropas en "Los siete pilares de la sabiduría": "Nuestra marcha revista un esplendor bárbaro. Al frente avanza Faisal, el jefe, vestido de blanco. A su derecha Charraf, con la cabeza cubierta con un turbante rojizo. A la izquierda voy yo, vestido de blanco y bermejo. Luego, los estandartes, las lanzas doradas y de pálido carmesí. Más a la retaguardia tocaban los tambores una marcha. Finalmente llegaba la masa salvaje. Avanzábamos como una onda resplandeciente".
Lawrence obtiene mayor autoridad para sus acciones, dinero y armas, y forja su real popularidad. "Aurens", le llamaban los guerreros. Entonces, el guerrero se convirtió en escritor, de pronto, desapareció. Acabó enrolándose como simple soldado, con nombre falso: T.E. Shaw. Hacía tareas de oficina y traducía "La Odisea". Recibía ofrecimientos, y debía esconderse de los periodistas. Lawrence murió en un accidente de moto en mayo de 1935. Y a su funeral asistieron, entre otros, Winston Churchill, Nancy Astor y Lord Lloyd. Es más, ese día "The Times" publicó un mensaje de condolencias del rey Jorge V.
En forma paralela ha regresado otro libro que era casi inhallable: "Lawrence y los árabes" (Península/Océano), que es un retrato del coronel Lawrence escrito por Robert Graves, autor de "Yo, Claudio". El poder de síntesis y el análisis que hace de Lawrence, basándose en "Los siete pilares", y en un vasto intercambio de correspondencia, es espléndido. La lectura de ambos libros es reveladora de la peripecia vital de quien murió a los cuarenta y siete años.